Rodolfo Dada: “la patria es entonces la memoria del agua”

Invitado al Festival Internacional de Poesía de Granada, 2015. Rodolfo Dada. San José, Costa Rica, 1952. Publicó: Cuajiniquil (1975), Abecedario del Yaqui (1983), Kotuma, la rana y la luna (1985), La voz del caracol (1989), De azul el mar (2004) y Cardumen. Antología Personal (2004). Algunos de estos títulos son de lectura obligatoria según disposición del Ministerio de Educación de Costa Rica.
Dada es responsable también de las compilaciones Antología de Eunice Odio (2006) y  Antología Breve, Juan Gelman (2007), publicadas ambas en su país, a la vez que tradujo Stone on Stone (poetry by women of diverse heritages), editada en Washington en 1994.
Participó en festivales de poesía realizados en España, Colombia, Cuba, Guatemala, Argentina, Nicaragua, El Salvador, Puerto Rico y México.
Entre otros galardones recibió el premio “Carmen Lyra” (1981), el premio de la Universidad de Costa Rica “Una Palabra” (1984) y el Premio Nacional “Aquileo Echeverría” (2004). Su libro El mar de la selva recibió una Mención de Honor en el premio Casa de las Américas de Cuba (2009). La edición de su Antología de Poesía “CARDUMEN” en Italia, fue finalista del Premio Camaiore.

Digo patria
y hay un pez azul
que nada en un mar ilimitado
recuerdo el vértigo cuando el arrecife termina
y el mar vuela infinito
recuerdo también el pez azul de mi infancia
en estos ríos que cubren la tierra
la patria es entonces la memoria del agua
el vuelo de un albatros
sobre esa memoria
crecida por los años
aquí un ejército de peces
protege el infinito
la aleta que lo guía como la mano de dios
aquí la línea azul que separa
las dos manos se prolonga
y como un niño pinto pajaritos en ese horizonte
*

Camino una calle que no existe

Lo único que tengo se desliza
gota a gota entre los dedos
La gloria de otros años no es la sal
que ahora me conmueve
Vi una ciudad, lo juro
un café perdido entre sitios difusos
poblado de amigos y muchachas
Vastedad donde una barca azul
sólo es visible en la tormenta
Es una cárcel inmensa esta ventana
Donde un pulpo desliza sus tentáculos
y un pez otea desde el vidrio
mi diminuto espacio
*

Sólo la lluvia recuerda al mar en esta ciudad
Infancia anclada entre fósiles, piedras
peces en las vitrinas
Presiento un mar ahogado
en la intimidad de las almejas
Saco mis manos
busco la sal y no la encuentro
Los pequeños caracoles se han ido,
el pulpo, los peces de arrecife
mis pasos de niño detrás de los jureles
Me adhiero a la roca como un alga
abro las branquias y me ahogo
Intento asir el esqueleto del mar
*

¿Quién podría recordar la lluvia?

En medio de un cielo gris
sólo se escucha algún retumbo débil
¡tanto azul, tanta inmensidad!
La lluvia es ahora miserable
No tengo ventanas y todo es una ventana
Las gotas caen desde el techo de palma
y en las hojas arden sus bordes de fuego
La lluvia es la limosna de un avaro

Esta noche alisto la maleta
un paraguas sería desastroso
Afuera los volcanes son soles diminutos
Me siento a tomar café con los amigos
en otra mesa, una mujer con una bola de cristal
Dejo un infierno y sus fuegos nupciales
un arrecife en desorden con escamas de plata
Pero ese viejo de Darwin nos quitó las sorpresas
Salgo del agua, emerjo a tierra vaporosa
abro la maleta
y me pongo este disfraz de dinosaurio
*

Vos podrías hacer de este papel
un bodoquito para el cesto
de este lápiz astillas
iluminar el pedazo de noche en la ventana
Podrías caminar entre los pescadores
ahora que la furia del mar baña las calles
El agua, los peces que avecina
la profundidad poblada de esta hoja azul
donde los barcos sueltan sus amarras
Vos podrías caminar esta profundidad
hacer de este cuarto de hotel un incendio
estar desnuda como esta página
tan obra maestra
tan mar Caribe estallando su abanico
en este malecón de la Habana
*

El mar es una tumba
para los marineros
Dos barcas mecen
sus huesos en la noche
sus quebradas razones
En una viaja el fuego
con tu rostro encendido
entre vanas estrellas
En otra viaja el agua
con sus medusas vivas
sus inasibles peces
*

Estoy sentado en una espera
casi integrado al edificio
Pero es la última estación
y busco tu regalo
entre mis dedos un collar de nácar
una campana perdida en el naufragio
alguna estrella de cristales rotos
La vitrina exhibe tus pendientes de plata
Una estepa separa tu ciudad y la mía

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