Adiós al poeta Mark Strand

mark-strand
Ganador del Pulitzer de poesía en 1999 por «Blizzard of One», ha fallecido a los 80 años en casa de su hija, en Brooklyn

«Nunca fui muy bueno con el lenguaje cuando era niño. Créame, la idea de que algún día me convertiría en poeta habría sido una gran sorpresa para toda mi familia». Así explicaba Mark Strand a «Los Angeles Times» en 1991 su inesperada carrera literaria. El poeta murió este sábado en Brooklyn, en casa de su hija Jessica, a los 80 años, como una de las figuras esenciales de la poesía estadounidense de la segunda mitad del siglo XX.
Ganó el Pulitzer de poesía en 1999 por «Blizzard of One» y, entre otros reconocimientos, fue nombrado Poeta Laureado de Estados Unidos, ganador de la beca MacArthur en 1987 y del premio Bollingen en 1993, una distinción que concede la Biblioteca Beinecke de la Universidad de Yale cada dos años. Fue profesor de varias universidades de Estados Unidos. y, desde hace varios años, era titular de la de Columbia, donde dio sus últimas clases este otoño.
Los últimos años de su vida los pasó en Madrid, donde vivía desde 2011. Vino a parar a España junto a su pareja, la marchante de arte Maricruz Bilbao, que fue directora de la galería Marlborough de Madrid. En primavera decidió volver a Nueva York para tratarse un liposarcoma, un cáncer poco común en las células de la grasa.
Su estilo reflexivo, contemplativo, hundía sus raíces en los paisajes austeros de la Isla del Príncipe Eduardo, en Canadá, donde nació el 11 de abril de 1934. No duró mucho en el país norteño, por culpa del trabajo de su padre, empleado por Pepsi-Cola. Su infancia dio saltos entre Canadá y EE.UU. en Cleveland, Halifax, Montreal, Nueva York y Filadelfia, y su adolescencia la pasó en Colombia, México y Perú.

Mark-Strand-e1336841329210
La vocación poética tardó en llegar. Sus primeros años universitarios fueron en Antioch College, en Ohio, donde se graduó en 1957. Con ambiciones artísticas, se matriculó en la Escuela de Arte y Arquitectura de Yale. Al final de sus estudios en esa universidad, ya había surgido el interés por la poesía. Una beca Fulbright de un año en Florencia, le permitió estudiar durante un año a los poetas italianos del siglo XIX y buscar su propio camino. Su formación se apuntaló con un master en el Iowa Writers Workshop, del que se graduó en 1962.
Su desembarco literario no se fraguó hasta 1970, cuando el responsable de la editorial Athenaeum, Harry Ford, publicó su segundo volumen de poesía, «Reasons for Moving». Ford continuaría publicando su poesía con otras tres colecciones durante esa década hasta que, en 1980, Strand decidió parar su producción poética. «Ya no creía en mis poemas autobiográficos», dijo entonces. Se embarcó en otras aventuras literarias, como libros para niños y relatos.
Tardó una década en volver a publicar poesía, pero lo hizo con más potencia que nunca con volúmenes como «A Continuous Life» (1990), «Dark Harbor» (1995) y el premiado «Blizzard of One» (1998). Strand nunca abandonó su interés por el arte. No solo porque pintó hasta el final de su vida, o porque escribió ensayos sobre arte y libros sobre artistas como Edward Hopper o William Bailey. También porque en sus versos surrealistas, misteriosos, introspectivos, se veía la sombra de Max Ernst, Giorgio de Chirico, Magritte o el propio Hopper.
Tomado de ABC.es

LOS RETOS
MARK STRAND

Yo me vacío del nombre de los otros. Vacío mis bolsillos.
Vacío mis zapatos y los dejo al borde de la ruta.
En la noche retraso los relojes;
Abro el álbum familiar y observo al muchacho que fuí.
Digo mi propio nombre. Yo digo adiós.
Las palabras se siguen viento abajo.
Amo a mi esposa pero la aparto de mí.
Mis padres se levantan de sus tronos
hacia el lechoso cuarto de nubes. ¿Cómo puedo cantar?
El tiempo me dice lo que soy. He cambiado y soy el mismo.
Yo me vacío de mi vida y mi vida permanece.

IMG_0575

EL CUARTO
MARK STRAND

Es una vieja historia, la foma en que sucede
alguna vez en invierno, no alguna vez.
El que la oye se ha dormido.
Las puertas del closet de su infelicidad abren
y la desdicha entra a su cuarto–
muerte al amanecer
muerte al anochecer,
sus alas de madera abanican el aire,
sus sombras la leche destilada grita el mundo.
Hay una necesidad de finales sorprendentes,
el verde prado donde las vacas arden
como papel de imprenta,
donde los campesinos se sienta y rompen
donde nada, cuando sucede, es demasiado terrible.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Límite de tiempo se agote. Por favor, recargar el CAPTCHA por favor.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.