TYEHIMBA JESS

Tyehimba Jess nació Jesse S. Goodwin. Creció en Detroit, donde su padre trabajaba en el Departamento de Salud de esa ciudad. Más tarde, su padre se convirtió en el primer vicepresidente del capítulo de Detroit de la Asociación Nacional para el Avance de las Personas de Color (NAACP). La madre de Jess era maestra y enfermera, quien fundó una escuela de enfermería en Wayne County Community College en 1972.

Comenzó a escribir poesía a los 16 años. En unos pocos años, cuando tenía 18 años, había ganado el segundo premio de poesía en una competencia académica de la NAACP. Se graduó de la escuela secundaria en 1984. Luego, se matriculó en la Universidad de Chicago , donde pretendía ser un estudiante de inglés y continuar su escritura de poesía. Sin embargo, pronto abandonó esto como una opción y abandonó la universidad en 1987. Durante este tiempo, Jesse trabajó como pasante en un banco, como organizador comunitario y como profesor sustituto en el sistema escolar público en Chicago.

En 1989, regresó a la Universidad de Illinois en Chicago (UIC), y en ese momento había cambiado su especialidad a Política Pública. Pero Jess dice que después de que comenzó a tomar clases en la UIC con el poeta y erudito Sterling Plumpp , quien se convirtió en mentor, se dio cuenta de que su verdadera pasión era la poesía. Las clases de Plumpp se centraron en figuras literarias del Renacimiento de Harlem y el Movimiento de las Artes Negras de los años sesenta y setenta. Y aunque solo le faltaban algunos títulos para obtener un título en políticas públicas, Jess se sintió lo suficientemente inspirado como para volver a la poesía. Se graduó de la Universidad de Chicago en 1991, con una licenciatura en políticas públicas. Más tarde obtuvo una maestría en la Universidad de Nueva York que recibió en 2004.

Es ganador de los premios:

  • 2000 Duncan YMCA Writer’s Voice Fellow
  • Consejo de Premios [ editar ]
  • 2000 Duncan YMCA Writer’s Voice Fellow
  • Consejo de Artes de Illinois lista de artistas
  • 2000 beca de artistas del Consejo de Artes de Illinois
  • Premio de poesía Chicago Sun Times 2001.
  • 2001 Gwendolyn Brooks Open Mic Poetry Awards
  • 2001–2002 Ragdale Fellow
  • Serie Nacional de Poesía 2004
  • Subvención NEA 2004
  • Premio Whiting 2006
  • Residencia Lannan 2007
  • Premio Pulitzer 2017 de Poesía
  • Premio Anisfield-Wolf Book 2017

Proclamación Jubilar de Fisk (coral)
¡Canten al Señor una nueva canción! (Salmo 96)

Canten, hagan que el mundo se derrumbe con cantos azules,
de gargantas recién liberadas. Cantos que broten de pulmones
antes aherrojados en la piel esclava. Que el látigo y cadenas arañaron desde el
alba hasta el atardecer. Que toda lengua
se despliegue como bandera del cuerpo. Que se conjure cada aliento
a pesar de lo que hemos perdido. Den testimonio del nacimiento de nuestro
himno, desde
las complejas profundidades del pecado de Estados Unidos.
Salmos de un alma desgastada, benditos
en nuestra sangre por las tenebrosas lecciones del pasado,
luchan por ser escuchados. Helos aquí—el sonido audaz
que hemos descubierto escondido en nosotros, expulsado
del jardín de la libertad. Es alto e invicto,
y suave como el rostro de un recién nacido—
sus notas rompen las amarras del cautiverio.

Traducción: Francisco Larios

Infernal

Hay un disturbio del que formo parte,
un lugar del que escapé, conocido como la Ciudad del Motor.
Tiene una historia vieja y olvidada,
como los hornos de la planta Packard,
tan arrugada como la palma de mi mano en un
verano, cuando aún era demasiado joven para recordar–
1967. Mi padre salió a las calles
a capturar en su Kodak algo de la ira
de mi pueblo, un retrato de la llamarada
que fue nuestra bandera lo suficiente para
enseñarnos que no había marcha atrás,
que nos habíamos prendido fuego a nosotros mismos
para purificarnos de toda duda. Esa es la evidencia
de la que fui testigo. La vi de cerca y en los titulares,
un veredicto que explicaba por qué la casa de mi madre vale ahora menos
que el Honda de mi hermana, y por qué la noble ira
de mi padre no vale nada. En medio de todo,
mi gente tuvo algo de suerte.
Sobrevivimos, más que todo al escapar
de las llamas mientras guardábamos su calor
en nuestras mentes, de la forma en que un banco
guarda una hipoteca—o en que un padre toma a su hijo de la mano,
mientras la ciudad arde alrededor de él… Casi olvidé
mencionar al canario de la proverbial mina de carbón de
Detroit, que cantó para mis padres su canción empapada en sudor
y dulce de promesas, cuando ellos huían del infierno del Sur.
Ahora yo canto. Canto lo mejor que puedo acerca de cómo
he escapado de un incendio a otro. Tengo la cabeza
en ebullición, llena de cantos. Llevo conmigo un retrato
de mi padre.

Traducción: Francisco Larios