Robert Hass

Poeta estadounidense nacido el 1 de marzo de 1941 ganador del Premio Pulitzer. Fue Poeta Laureado de Estados Unidos de 1995 a 1997, en ese tiempo se convirtió en un conocido defensor de la alfabetización, la poesía y la conciencia ecológica. Es autor de las obras: Field Guide (1973), Praise (1979), Human Wishes (1989), Sun Under Wood (1996), Time and Materials (2007), Now and Then: The Poet’s Choice Colums (2007).

 

Música tenue

Tal vez deberías escribir un poema sobre la gracia.

Cuando todo lo roto está roto,

y todo lo muerto está muerto,

y el héroe se ha visto al espejo con total desprecio

y la heroína ha estudiado implacablemente su rostro y sus

defectos,

y cuando el dolor que ellos, en su seriedad, pensaban

que podría liberarlos de sí mismos

ha perdido novedad, y no los ha liberado,

y ellos han comenzado a pensar, distante y gentilmente

mientras ven a los otros proseguir con sus días—

sus gustos y disgustos, sus razones, miedos y hábitos—

que el amor propio es el único tallo enclenque de todo brote

humano,

y han comprendido, entonces,

por qué lo defendieron tan furiosamente todas su vidas,

y que nadie—excepto algún santo casi inconcebible en su pila

de silencio y de pobreza—puede escapar alguna vez de este

violento y automático

compañero de vida, tal vez entonces, como luz ordinaria,

como música tenue bajo las cosas, aparece una gracia

suspendida en el aire.

 

Como la historia que me contó un amigo sobre la vez

en que intentó suicidarse. Su novia lo había abandonado.

Sentía abejas en el corazón, luego escorpiones, cresas, y luego

cenizas.

Él se trepó a la viga de un puente,

de un lado la bahía, en una tarde clara y azul.

Y, en medio del aire salado, él se puso a pensar en la palabra

“mariscos”,

a pensar que había en ella algo levemente ridículo.

Nadie dice “tierriscos”. Aquello le parecía degradante hacia la

perca

que él había extraído de los acantilados, la negra perca de las

rocas,

sus escamas como carbón pulido, en lechos de alga

a lo largo de la costa—y se dio cuenta de que la razón para esa

palabra

eran los cangrejos, los mejillones, las almejas. De otra forma

los restaurantes podrían nada más poner un rótulo que dijera

“pescado”,

y cuando se despertó —había dormido por horas, acurrucado

como un niño

sobre la viga—el sol se ocultaba

y él se sintió un poco mejor, y temeroso. Se puso la chamarra

que había usado como almohada, trepó con cuidado

por el enrejado, y condujo de vuelta a su casa vacía.

 

Colgando de la perilla de la puerta halló un par de pantaletas

amarillo limón. Las estudió. Muy lavadas.

Tenían un rojizo tenue en la entrepierna que lo enfermaba

de rabia y dolor. Él estaba más o menos

donde ella estaba. Un piso en algún lugar de Cerro Ruso.

Apenas habrían acabado de hacer el amor. Ella tendría lágrimas

en sus ojos y le tocaría la quijada a él, agradecida. “Dios”,

diría ella, “me hacés tanto bien”. Luces parpadeantes,

una vista con niebla colina abajo hacia el muelle y la bahía.

“Estás triste”, le diría él. “Sí”. “¿Estás pensando en Nick?”

“Sí”, diría ella, y se echaría a llorar. “Me esforcé tanto”, ahora

entre sollozos,

“De verdad que me esforcé”. Y entonces él la sostendría por un

rato—

en la pared, tejidos guatemaltecos de cuando fue de gira—

y luego cogerían de nuevo, y ella lloraría otro poco,

y se iría a dormir.

Y él, él reproduciría esa escena

una sola vez más, una y media, y se diría a sí mismo

que iba a llevarla consigo por mucho tiempo

y que no había nada que él pudiera hacer

más que llevarla consigo. Salió a la terraza, y se puso a escuchar

el bosque en la oscuridad del verano, el ladrido de los madroños

que se agrietaban y encrespaban conforme llegaba el frío.

 

No es tanto la historia, sin embargo, ni el amigo

que se inclina hacia vos para decirte “Y entonces me di cuenta—”,

que es la parte de las historias que uno nunca termina de creer.

Yo es que pensaba que el mundo está tan lleno de dolor

Que a veces debe producir algún tipo de canto.

Y que la secuencia ayuda, tanto como ayuda el orden—

primero un ego, luego el dolor, y luego el canto.