JOSÉ RAMÓN RIPOLL

Escritor, musicólogo y periodista, es director dese su fundación, en 1991, de RevistAtlántica de poesía, publicación especializada en literatura iberoamericana e internacional. Ha desempeñado una larga labor de difusión de la cultura y la música clásica a través de Radio Televisión Española y otros medios de comunicación y entidades académicas.

Es autor de varios libros de poemas, entre los que destacan La Tauromaquia (1979), Sermón de la barbarie (1981), El humo de los barcos (Visor, Madrid, 1983), Las sílabas ocultas (Renacimiento, Sevilla, 1991) y Niebla y confín (ONCE-Visor, Madrid, 2000), Hoy es niebla (Visor, Madrid, 2002), Estragos de la guerra (Editores del Centro de Arte Moderno, Madrid, 2011), Piedra rota (Tusquets, Barcelona, 2013) y La lengua de los otros (Visor, Madrid, 2017)

Ha recibido, entre otros reconocimientos, el Premio Guernica (1979); Premio Villa de Rota (1980); Ayuda a la Creación Literaria del Ministerio de Cultura (1986); Premio de Poesía Rey Juan Carlos I (1983); Premio Tiflos (1999) y XXIX Premio Internacional de Poesía Fundación Loewe (2016).

Asimismo ha publicado varios ensayos y monografías literarias y musicales (Variaciones sobre una palabra : la poesía, la música y el poema; Cantar del agua; Beethoven versus Listz; Dimitri Schostakovich en su centenario; El mundo pianístico de Chopin: pasión y poesía, etc.)

Se le concedió la Beca Fulbright (1984) para ampliar conocimientos en Estados Unidos, como miembro del International Writing Program de la Universidad de Iowa. Ha sido invitado como conferenciante, profesor y poeta en numerosas tribunas, universidades y festivales internacionales.

Palabras de José Manuel Caballero Bonald, Premio Cervantes, sobre el último poemario de Ripoll: “La lengua de los otros es un libro reconcentrado, interiorizado, donde se vertebran una serie de reflexiones en torno al ser y al existir, algo que –dicho así- suena un poco enfático, pero que aquí dispone de un rango metafísico de rigurosa lucidez. Da la impresión de que el poeta se conoce mejor a medida que ahonda en lo vivido. Quizá sea Ripoll el poeta de su generación que de modo más inteligente concibe la poesía como un vehículo de autoconocimiento, aparte de tener siempre presente esa noción del poema como construcción verbal.”

El nombre de la muerte

Pasa y cierra la puerta,
entra en la habitación donde visitan
los nombres a las cosas,
como al lecho de amor empuja el cuerpo
y en el rincón del tiempo la encontrarás dormida.
Allí estará esperándote antes de ser palabra.
Pasa y no digas nada.
No enciendas otra lámpara que la del corazón.
No trates de que cuente su vida ni su muerte.
Quizás nazca ahora mismo cuando tú la ilumines.
En ella surge el frío y el labio que la nombre
antes de que sus letras se posen en tu lengua
y así brote un idioma tan sólo como único.
Cuando estés frente a ella no la toques,
siéntete tan perdido como naciente es todo
y observa la hermosura de un absurdo destino
que te explica la vida en medio de la muerte
como esta habitación.