JORGE GALÁN

Ha publicado: Noviembre (Tusquets); Medianoche del mundo (Visor); La habitación al fondo de la casa (Planeta); El círculo (Visor); El estanque colmado (Visor); Los otros mundos (Alfaguara infantil); La ciudad (Pre-Textos); El premio inesperado (Alfaguara infantil); Breve historia del Alba (Ediciones Rialp).

Ha obtenido el Premio de la Real Academia Española en 2016, por la novela Noviembre; también ha recibido el Premio Casa de América de Poesía Americana, Madrid 2016; el Premio Iberoamericano para obra publicada Jaime Sabines en México, 2012; el Premio Internacional Antonio Machado, Madrid, 2009; el Premio Adonais, Madrid 2006; entre otros.

Su novela La habitación al fondo de la Casa ha sido traducida a varios idiomas y publicada por Mondadori en Italia o Penguin Randon House en Alemania, entre otras.

 

Race horse

  

Y mira tú, muchacha, de quién viniste a enamorarte,
a quién viniste a amar para toda la vida,
a quién decidiste no olvidar:
es un caballo de carreras, ese muchacho
es un caballo de carreras
y corre siempre junto a la barda colmada por espinos
y sus músculos inflamados
siempre a punto de reventarse.
¿Quién lo conduce?
Sus estribos son ríos a los cuales muerde
para intentar romper.
Sus ojos ven un horizonte de fuego
al que no puede dejar de dirigirse.
Sus cascos son de un cristal incorruptible
que aniquila a la piedra.
Su crin es el viento azotado por el relámpago.
Una tormenta tiene donde debió tener un breve corazón,
una tormenta a la cual teme incluso el invierno mismo.
Su imaginación es la misma que la de la montaña
y la del grito que corta el silencio
de la montaña desolada.
No es de fiar.
¿Quién confiaría su alma a una tormenta?
¿Quién brindaría su piel al cuchillo de fuego
o su voz al silencio de la flauta quebrada por el odio?
Y mira tú, muchacha dulce,
te abriste como un cofre lleno de perlas
que parecían brotar de la luz misma
y él ni siquiera pudo notarlo, él es un caballo de carreras
y no le importa ni la ciudad
ni el camino que lleva a la ciudad
ni las joyas ni un cuello lleno de joyas
ni un cofre lleno de joyas,
solo le importa el bosque y el campo abierto
y la playa interminable
pero sobre todo la pista, esa pista de grama, arena y piedra,
y mira tú de quién viniste a enamorarte
a quién quisiste guardar en ti como un corazón nuevo
a quién quisiste abrazar hasta perder los brazos
a quién quisiste mirar hasta cerrar tanto los ojos
que no consigues ya observar la dicha.
Mira tú, muchacha linda, a quién quisiste amar,
a un obstinado caballo de carreras
cuya pista es el mundo.