HORACIO COSTA

Poeta, crítico, traductor, profesor universitario. Diplomado en Arquitectura y Urbanismo, Universidad de São Paulo-USP, 1978; Master of Arts (M.A.), New York University, 1983; Doctor de Filosofía (PhD), Yale University, 1994. Fue profesor titular de la Universidad Nacional Autónoma de México-UNAM; 1993-2001; desde esta fecha es profesor-doctor en la Facultad de Filosofía, Letras y Ciencias Humanas de la USP.

Publicó los siguientes libros de poesía en Brasil: 28 Poemas 6 Cuentos, 1981; Satori, 1989; El Libro de los Fracta, 1990; The Very Short Stories, 1991; El Niño y la Almohada, 1994, con reedición en 2003; Cuadragésimo, 1999; excepto los dos primeros, los demás también se publicaron en México en español.

 

Una antología de su obra, Los jardines y los poetas, fue publicada en Venezuela en 1993, y una edición de lujo de El Niño y la Almohada, con grabados de José Hernández y prólogo de José Saramago, en Estados Unidos (1994).

 

Después del vacío

 

El escenario vaciado del drama.
El escenario vaciado del pathos.
Los actores se fueron cada uno por su lado.

Hubo quien conmemorase
Esta bajada de la irrelevancia,
A su escuálida belleza de co-figurante de tarjeta postal.
Hubo quien protestase contra esa fatalidad retórica”.
Entonces,  ¿cómo se llamaría?

¿No es la vida, toda,
una sucesión de momentos retóricos?
No lo será para los perros,
Que sí tuvieron un rol bien apreciado
En aquel escenario cuyo montaje
Llevó tanto tempo, exigió tantos sudores.

Para los perros, que murieron
En la edad canina de morirse,
La vida no fue
“una sucesión de momentos retóricos”.
La vida era lo que era
Y fue lo que fue. Por tanto,
Eximámoslos del poema
Que trata del descenso,
Este sí bien retórico,
Del escenario del drama
A la trivialidad contaminable
De la pura belleza postal.

La virgen catalana de mayólica,
Encontrada por uno de los productores
En un bric-à-brac en Barcelona,
Fue debidamente olvidada
En el desmonte.

Continuaba engastada en la memoria,
En la memoria del vivir dramático,
Como un testigo apenas solemne
Y que vaticinase sobre la basura.
Por eso fue olvidada.

No entra, o mejor:
No le culpo esta adaptación
A la estética de lo lindito,
De todo transformado en una especie
De Waterloo selon Fabrizio del Dongo,
Como una fruta cuyas semillas son escupidas
De todo deshilachado de su sentido original,
Mientras deleitan. Digo:
Que son escupidas mientras
Los dientes del tempo desmigajan
La carne de la uva o de la manzana:
Una tras otra, allá van
Las semillas, muy derechitas
Al montón de basura.

Pues. Esa virgen catalana,
La que vaticinaba sobre el susodicho,
El montón de basura, sigue erecta
Aunque recostada en su asiento
Y con el Niño Jesús sobre sus muslos,
Recordando lo hierático de lo románico
Y mismo lo hierático del arte bizantino.

Su calzado remonta al de Teodora
En aquella iglesia en Ravena,
¿Cómo, cómo se llamaba?
(me rasco la cabeza):
Sant’Apollinare in Classe.