Rita Dove

Rita Dove Akron, Ohio, Estados Unidos, 1952. Graduada en Bellas Artes en la Universidad de Iowa. Obra poética: The Yellow House on the Corner, 1980; Museum, 1983; Thomas and Beulah, 1986; Grace Notes, 1989; Selected Poems, 1993; Mother Love, 1995; On the Bus with Rosa Parks, 1999 y American Smooth, 2004. Publicó un libro de narraciones breves, Fifth Sunday, 1985; la novela Through the Ivory Gate, 1992; y una colección de ensayos, The Poet’s World, 1995. Su obra de teatro The Darker Face of the Earth, ha sido representada por diversos grupos, entre ellos The Royal National Theatre en Londres. En 1987 recibió el Premio Pulitzer de Poesía. Es profesora de Inglés en la Universidad de Virginia.

Canario

(para Michael S. Harper)

La voz quemada de Billie Holiday

poseía sombras tantas como luces,

un candelabro afligido contra un piano brillante,

y la gardenia era su firma bajo esa cara arruinada.

(Ahora estás improvisando, tamborilero a bajista,

cuchara mágica, agula mágica.

Toma todo el día, si te necesita

– con tu espejo y tu pulsera de canto.)

El hecho es que el invento de la mujer sitiada

ha sido por el bien de afilar el amor en servicio de mito.

Si no puedes ser libre, sé un misterio.

 

El grillo primaveral considera el asunto de la Negritud

 

Solita, yo tocaba mis tonadas;

no conocí a ningún otro que podía acompañarme.

Claro, fueron tristes las canciones

pero agradable también, y no vendrían hasta que

el día se agotó. Sabes, ¿no?, la manera que tiene el cielo

de colgar sus últimas volutas radiantes?

Eso era cuando el dolor brotaba dentro de mí

hasta que no pude esperar; me arrodillé para rasparme limpia

y no me importó quien escuchara.

Pues los gritos y las chiflas, vinieron,

y la redada en tarros – y el trepar de patas.

Ahora vinieron otros: revolcados y enturbiados;

no supe sus nombres.

Éramos un farol musical;

los niños, dormían a nuestros suspiros.

Y si, de vez en cuando, uno de nosotros

se sacudió libre y cantó mientras trepaba al borde,

siempre se caía de nuevo.

Y esto les hacía reír y palmotear.

Al menos – en ese momento – entendimos

lo que les complacía

 y donde estuvo el borde.

 

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