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Xavier Oquendo (Ecuador, 1972)

Periodista y Doctor en Letras y Literatura. Ha publicado Mención de Honor, Premio Jorge Carrera Andrade, al mejor libro de poesía publicada en el año, Municipio de Quito, 2009). Representante del Ecuador en importantes encuentros poéticos y literarios en España, México, Colombia, Chile, Perú, entre otros. Ha sido editor de varias revistas de poesía y literatura. Ha dirigido varios talleres literarios de Creación y lectura. Organizador de los Encuentros de poetas jóvenes en su país y del Encuentro Internacional “Poesía en paralelo cero”. Ha merecido diversos premios nacionales de poesía como el “Pablo Palacio” en cuento y el Premio Nacional de poesía, en 1993. Integra antologías españolas, norteamericanas e hispanoamericanas. Ha participado en las más importantes revistas literarias de nuestra lengua. El Municipio de su ciudad, en 1999, le concede la condecoración Juan León Mera por toda su obra literaria y de difusión. Es director y editor de la firma editorial ELANGEL Editor. Catedrático, editorialista de diversos medios de comunicación escrita de su país, y de periódicos virtuales. Parte de su poesía ha sido traducida al italiano, inglés y portugués.

Del sin experiencia

 

Qué duro es haber amado de una sola,

sin recibir la dulce renta que paga la experiencia.

Sin duplicarse, sin hacerse un montón.

Amar, hasta que la sangre se haga polvo.

Hasta que el amor se haga

filosofía

religión.

 

Algo.

 

 

   De cómo el poeta decide mirarse en pareja

 

No estamos: nos estamos.

 

Ya no decimos casi nada:

ni de esta agua

ni más vale

ni tal astilla.

 

Apenas sonreímos pensando, que sí, que hay algo que está allí.

Que no es pus en los pulmones

ni alergia, ni espuma que impida escribir.

Que es algo que se asoma,

que explota, que se infecta. Y se afecta.

Que no combustiona.

Que es lengua, pero no saliva.

 

Estamos, lo cierto, pero nos callamos.

Tenemos miedo al signo. Al significado.

A la dialéctica del verbo. A lo que es en esencia.

A lo que es en presencia.

 

No queremos oír ni vientos nuevos

ni precisiones, ni nada que sea concreto.

 

Apenas y podríamos soportar impertinencias

alegatos

promociones turísticas

prescripciones,

pero no, por favor, algo cierto,

algo que comprometa al codorniz del corazón,

algo que nos haga justicia al sentimiento.

 

¡Eso no!

Para ello habría que estar mudo.

Y el cielo no perdonaría

que le quitemos su himno nacional,

interpretado por los dos.

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