Jaime Labastida (México, 1939)

Jaime Labastida nació en Los Mochis, Sinaloa, el 15 de junio de 1939. Fue elegido el 13 de noviembre de 1997 para ser el 3.º ocupante de la silla XXVII. Tomó posesión el 2 de abril de 1998.

Es doctor en filosofía por la Universidad Nacional Autónoma de México. Entre sus obras poéticas destacan Animal de silencios, 1996; Elogios de la luz y de la sombra, 1999, y La sal me sabría a polvo, 2009. En sus libros de orden filosófico o de crítica literaria e histórica sobresalen Estética del peligro, 1986; La palabra enemiga, 1996; Humboldt: ciudadano universal, 1999, y Cuerpo, territorio, mito, 2000. Formó parte del grupo literario La espiga amotinada; fue director de la revista Plural (segunda época) y actualmente es miembro 1 de la Asociación Filosófica de México, presidente de El Colegio de Sinaloa y director general de Siglo XXI Editores.

Ha sido galardonado con diversos premios, entre los que cabe citar el Xavier Villaurrutia 1996, así como el Nacional de Periodismo y el Nacional de Ciencias y Artes 2008. Es doctor honoris causa por las universidades de Michoacán y de Sinaloa. Ha sido distinguido como Caballero de la Orden de las Artes y las Letras por el Gobierno de Francia y con la Cruz al Mérito por el Presidente de la República Federal de Alemania. También ha recibido la Medalla de Oro del Instituto Nacional de Bellas Artes por su trayectoria como escritor. En febrero de 2011 tomó posesión como director de la Academia Mexicana de la Lengua. Además, ha desempeñado los cargos de 12. ° tesorero y director adjunto en esta corporación. Es miembro 2 de la Academia Norteamericana de la Lengua Española y de la Academia Cubana de la Lengua.

Papel borrado

Cuando termino de escribir todo esto,
después que durante horas me imprimo
como un mecanismo de dulzura y de cólera
én las hojas, y el viento desordena los papeles
y entra un siblido extraño, y merodea en la casa
una noche especial, ajena, sin preguntas;
cuando abro las ventanas para que lleguen
los amigos que tienen nombres de herramienta
y prisines, después que me deshago de este
tósigo, cuando quedo vacío, mi mujer
viene aquí con amor que estrangula.
Amor resplandeciente el nuestro que asume
la crueldad de un pájaro pequeño que picara
su grano, tiernamente, en la herida de un brazo
y más la abriera, que es como un pequeño pájaro
que cantara, cerca, muy cerca, demasiado
cerca del oído, y al que no pudieras callar,
aunque te rompa el tímpano a golpes de dulzura.

Escribo entonces junto al mar.
Asiento mi pisada y mi cansancio
en la áspera arena de la playa, mientras el mar,
ausente, en grises movimientos nos acecha
y borra todo, borra todo, borra
todo de mí, borra todo de mí,
borra todo de mí.

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