Vijay Seshadri (USA)

Vijay Seshadri es el autor de tres colecciones de poesía, incluida 3 Sections, el cual fue ganador del Premio Pulitzer de poesía en 2014. El comité del Premio Pulitzer catalogó a 3 Sections como: ” Una colección convinvente de poemas que examinan la conciencia humana, desde el nacimiento hasta la demencia , en una voz que se torna ingeniosa y grave , compasiva y sin remordimientos . ”

Sus otras colecciones incluyen The Long Meadow, la cual ganó el Premio James Laughlin y Wild Kingdom. Sus poemas, ensayos y  reseñas han aparecido en AGNI, the American Scholar, Antaeus, Bomb, Boulevard, Lumina, the Nation, the New Yorker, the Paris Review, Shenandoah, Southwest Review, Threepenny Review, Verse, Western Humanities Review, Yale Review, the Times Book Review, the Philadelphia Enquirer, Bomb, San Diego Reader, y TriQuarterly y en muchas antologìas, incluidas Under 35: The New Generation of American Poets, Contours of the Heart, Staying Alive: Real Poems for Unreal Times y Best American Poetry. –

 

Teteras brillantes de cobre

 

Amigos muertos que vuelven a vivir, parientes difuntos

que hablan lenguas extintas y vivas, sus mentes alertas,

sus cinco sentidos intactos, sus huellas como las de una mariposa,

la misericordia brillando en sus despiertas faces—

pocas cosas me gustan más que esto.

Me gusta tanto que duermo todo el tiempo.

Luna de día y sol de noche me encuentran disperso

profundo en los sueños en que ellos aparecen.

En campos dorados, en la ciudad de las siete pirámides,

ante la emperatriz de la cara derretida, bajo

el altísimo sicómoro, llegan sin avisar.

“Todo bien”, parecen decir.  “Como siempre”.

Son corteses y tímidos.

¿Quién iba a saber que los muertos eran tan corteses?

No quieren asustarme; sus cabezas no giran como veletas.

No quieren robar mi cuerpo

ni poseer la tierra y vengarse.

Están muertos–ustedes lo saben–no existen.  Y además,

¿por qué iría a importarles? Son subatómicos, horizontales. Analicen ustedes.

Uno de ellos humildemente me ofrece un lápiz.

Los ojos bajo los párpados se mueven más y más rápido.

Por el intercomunicador de la casa en que tanto tiempo no hubo música,

el Reverendísimo Al Green canta,

“Nunca podría ver hacia el mañana,

nadie me advirtió sobre el dolor”

 

 

 

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