Juan Carlos Abril (España, 1974)

Juan Carlos Abril

Juan Carlos Abril nació en Los Villares, Jaén, España, en 1974. Es Doctor en Literatura Española por la Universidad de Granada donde trabaja como profesor. Ha residido durante varios años en Inglaterra, Francia e Italia. Ha recibido numerosos premios literarios y ha publicado los libros de poemas Un intruso nos somete (1997), El laberinto azul (2001), y Crisis (2007), reunida en 2013 en la editorial El Tucán de Virginia, de México, y titulada Poesía (1997-2007).

Ha preparado ediciones de autores como Luis García Montero, J. M. Caballero Bonald, Francisco Brines, Antonio Deltoro, Fabio Morábito, Omar Lara, José Julio Cabanillas o Víctor Rodríguez Núñez, entre otros; las antologías Deshabitados (2008), Campos magnéticos. Veinte poetas españoles para el siglo XXI (2011), en México, y coordinado el volumen Gramáticas del fragmento. Estudios sobre poesía española para el siglo XXI (2011). También ha traducido El instante después, de Massimo Gezzi; y, junto a Stéphanie Ameri, Las cenizas de Gramsci, de Pier Paolo Pasolini, o Los Indomables, de Filippo Tommaso Marinetti, entre otros.

Forma parte de numerosas antologías, entre las que destacan 10 menos 30. La ruptura interior en la «poesía de la experiencia», de Luis Antonio de Villena (1997), Yo es otro. Autorretratos de la nueva poesía, de Josep M. Rodríguez (2001), Veinticinco poetas españoles jóvenes (2003), Cima de olvido, de Rafael Alarcón Sierra (2006), o La inteligencia y el hacha (Un panorama de la Generación poética del 2000), de Luis Antonio de Villena (2010).

También ha publicado crítica literaria y poemas en diversas revistas como ÍnsulaCuadernos HispanoamericanosHistoria y PolíticaRilceLetras de DeustoLa Estafeta del VientoLitoralEl Maquinista de la GeneraciónSibilaCastillaAnalecta MalacitanaClarín, o Campo de Agramante, entre otras. Dirige la revista Paraíso. 

EL CLAVO

Todo lo revivido se estremece.

Repites las historias muy despacio

con los nombres del mundo de los muertos

pues lo bello, al final, resulta triste.

Las huidas sin carrera son la imagen

grotesca de los sueños, el agua que se escapa

entre las manos y, por eso, prefieres

cambiar aquellos nombres y lugares, dejar

sólo los hechos con los sentimientos

que arrastran.

Puede ser una señal

y casi te deslumbra.

En el dolor, no obstante,

el abrazo es más rápido que un cepo.

Ser uno mismo, sí, pero antes ser de otros.

(De Un intruso nos somete, 1997)

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