Kattia Chico (Costa Rica, 1969)

Kattia Chico (Costa Rica, 1969) | FIPGNicaragua 2016

Kattia Chico es una poeta puertorriqueña, pero nacida en 1969 en Costa Rica. Máster en Literatura por la Universidad de Puerto Rico, cursa el doctorado en Centro de Estudios de Puerto Rico y el Caribe. Ha publicado sus trabajos en El Nuevo Día, El Sótano 00931, Desde el límite, El límite volcado, La Jornada Semanal y Letras salvajes.

Su trabajo aparece en la antología Open Mic/Micrófono Abierto: Nuevas literaturas puerto/neorriqueñas (Hostos Review, 2005).

Su poemario Efectos secundarios (Terranova Editores, 2004) fue ganadora del Premio Nacional de poesía otorgado por el pen Club de Puerto Rico; además de los premios del Círculo Literario José Gautier Benítez, el Círculo de Damas Cívicas de Mayagüez y ICPR Júnior College. Es miembro de la Junta Editorial de la revista El sótano 00931. La mayor parte de su obra permanece inédita, Mala luz es uno de esos libros.

La señora de los gatos

Soy la señora de los gatos,

la lejana señora de los gatos.

En sus orejas geométricas

canta el eco visceral de mi nombre.

Dondequiera que estés, sé que lo oyes.

Soy quien pinta en sus ojos esa línea tan egipcia

para que te recuerde la mirada de mi tinta,

quien se enrosca en la pregunta de su cola,

quien te conjura en cada gato de mi sombra.

Me siguen por donde camino

estrujándose caricias contra mí,

electrizando de chispas todo aquello que miran

sus láseres de esmeralda.

Si detengo mi paso

comienzan a satelitar como prendidos

a la órbita de mi falda.

Tengo dos piedras visionarias

que me hablan de ti en la oscuridad.

Tengo un cuerpo suave y tibio

y un corazón extraño.

Tengo instantes de ubicuidad.

Me deslizo entre las rejas

y cruzo la sinuosa madrugada

todavía arrebatada de letargo

como cuando contigo

reclinada en tu pecho respiraba

del éter de tu aliento los suspiros.

Los gatos siempre vuelven.

Nos encontramos siete veces por vida

y me traen noticias de ti

dos mares más allá;

que se te ha enronquecido la voz

y ya no andas tan desnudo de reloj,

mas sigues arrojando

la risa hacia atrás con la cabeza

y guardando la noche en tus ojeras.

Me cuentan además

que se miran verde a verde

y tú los acaricias.

Entonces regresan a traerme

destellos de tus dedos

untados en su lomo.

Soy la señora de los gatos

que sólo tú y yo vemos,

de los que vienen

siete veces por vida

para hablarme de ti con sus pupilas.

Pero tú

no vuelves.

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