Julia Erazo: “solo los tréboles de cuatro hojas pueden ascender al cielo”

Invitada al Festival Internacional de Poesía de Granada. Julia Erazo Delgado. Quito, 1972. Poeta, periodista y catedrática universitaria. Dirigió el centro cultural Galería Imágenes (1997-2000). En la actualidad colabora en el Periódico de poesía de Quito. Sus textos han aparecido en importantes revistas y en antologías de la lírica ecuatoriana actual. Es coautora del libro La voz habitada : Siete poetas ecuatorianos frente a un nuevo siglo (2008). Ha publicado los libros de poesía Imágenes de viento y de agua (2008) y Verbal (2008). Ha representado al Ecuador en eventos poéticos en España, Venezuela, México y Colombia.
tréboles de cuatro hojas
tréboles de cuatro hojas ascienden al cielo
arropan mi cuerpo desnudo
lo guarecen de la lluvia de las tormentas solares

alguien dice mi nombre me llama a través del bosque

pero yo he dejado todas mis pertenencias olvidadas
para sufrir la vida de los árboles
para clavar mis raíces como dedos sedientos buscando otras manos

solo los tréboles de cuatro hojas pueden ascender al cielo
trepar por mi cuerpo desnudo
cubrirlo guarecerlo dejarlo ser sin nombre

el bosque productor de ecos distantes se calla

hambre
soy la cena

un solo cubierto en mi mesa

espantapájaros
deseas
una jarra de té hirviente sobre la mesa
encuentras una estela de polvo y polillas

deseas
un timbre que anuncie visitas halagüeñas
no hallas la puerta ni la ventana

deseas
una copa con bebida fresca
un desierto te ha dividido los labios

los lugares que no te conocieron te reclaman
las esquinas que te vieron pasar no te conocen

alguna vez apareces
cargando tus bronquios secos

alguna otra
tu alma de espantapájaros
tu crucifixión

ha claudicado la velocidad de tus palabras
la novela de aventuras que inventaste

has muerto

nicotina
un cigarro gira en la noche
luciérnaga
mancha fosforescente en el jardín

ciegas alimañas entre los árboles
sus dulces voces
sus cuellos y párpados en tensión

deciden cazarme a dentelladas
rayan mi rostro mis manos
se enfrentan con el veneno de mi piel

destila un amor muerto

fantasmas
algunos girasoles crecen en el centro de mi casa
parecen no necesitar del sol

miran mi rutina de absurdas lecturas
giran su cuello desde el sofá rojo hasta la cocina

vuelven a dormir

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