El autor y su obra

Revelaciones de la escritora Gioconda Belli en el Autor y su obra

Gioconda Belli
Muchísimas gracias a Blanca por esa bellísima introducción con tanto cariño. Gracias a todos ustedes por estar aquí, al señor embajador, a René González y a todos los rostros que me miran y que muchos los conozco y me han seguido y loes he seguido por tantos años y por tantos vericuetos de la vida y que me han ayudado a ser quien soy.
Yo he preparado, es bien difícil hablar de la propia vida realmente, y como yo escribí una memoria donde he puesto casi todo, entonces pensé en hacer una especie de recopilación de ciertas cosas que no están en “El país bajo mi piel”. Entonces estaba pensando entre las muchas leyendas urbanas que se cuentan en un país pequeño como el nuestro, hay varias que me tienen a mí de protagonista, porque a falta de artistas de cine, aquí los personajes públicos sobre los que se tejen historias son los políticos, los borrachos y los poetas.
De las historias que cuentan de mí, una de las más simpáticas es la que asegura que yo este pelo que tengo en realidad es una peluca, porque en realidad yo soy pelona. Y es que en realidad lo que pasa es que yo tengo una prima bellísima que es pintora que se llama Patricia Belli, que por una enfermedad que se llama Alopecia no tienen ningún pelo en la cabeza, entonces me han dicho “No, si ella es pelona.” “Si esta señora lo que anda es una peluca.” Entonces han mezclado a Patricia conmigo y han creado esa síntesis.
Otra de esas leyendas que me conto Helena Ramos es de un señor que dicen que trabajaba de chofer en mi casa, y que yo escribía desnuda, y que entonces cuando yo quería tomar agua o algo así con una gran naturalidad desnuda pedía que me trajeran el agua o que me trajeran la leche, que me trajeran el almuerzo… yo creo que ese señor como oyó que yo escribía poesía erótica le pareció que el erotismo era andar desnudo, verdad, entonces el invento esa historia que me pareció genial por cierto.
Pero la leyenda urbana que más me gusta y que más se repite a menudo y que me repiten es la que me atribuye a mí una gran valentía, y me dicen “Usted es una mujer valientísima.” “Que valiente que sos, que atrevida, que lanzada…” y cosas por el estilo, que me concedan esa cualidad siempre me hace surgir en mi cara más íntima, que solo yo veo en mi espejo interior una sonrisa mezcla de espasmo y de satisfacción. Y es que eso de que soy valiente refleja una realidad tan distinta de la que yo he enfrentado en mi vida, a la que me enfrento constantemente, porque yo no soy una persona sin miedos, al contrario, he sido tímida, introvertida y con tendencia a la reclusión, mi deporte favorito es leer tendida cuan larga soy ya sea en un sofá o si es mejor aún en la cama. Le tengo miedo a los aviones, me da nervio hablar en público, me afligen las conferencias, desde que tengo conciencia, mi vida ha sido un enfrentamiento a muerte con ese miedo, no me gusta tener miedo. La vida con miedo solo puede vivirse a medias. Con miedo uno no puede realizar todo lo que es, su pleno potencial, el miedo paraliza y esconde, de ahí que uno de los objetivos más importantes que me planteé desde joven, fue perder ese miedo, hacer todo lo que me daba miedo y no dejar que el miedo me venciera.

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Recuerdo por ejemplo a mi papá todos en mi casa le teníamos terror, porque mi papá era un ser bien dulce pero bien bravo, y entonces cuando yo tenía como 12 años yo dije “porque yo le tengo tanto miedo a mi papá” cuando me tocaba ir de la casa al trabajo de mi papá en el carro yo iba temblando, yo quería hablarle, porque yo decía “como voy a ir yo calladita” quería hablarle y me daba terror, no sabía de que hablarle, entonces un día de tantos decidí perderle el miedo a mi papá, entonces dispuse empezar a contarle chistes a mi papá, y esa fue la primera vez que me di cuenta que podía perder el miedo, porque no solamente mi papá reaccionó de una manera linda y se rió conmigo y todo, sino que me di cuenta que se volvía me mejor amigo, de repente mi papá se volvió inchipinche mío, se le quitó toda esa coraza que él aparentaba frente a nosotros. Entonces esa fue la primera vez que yo me di cuenta que perder el miedo era importante, que era algo que yo podía hacer.
También cuando estaba estudiando en Filadelfia… yo terminé mi bachillerato en España, me mandaron a España cuando tenía 14 años, a un colegio de monjas que quedaba en la calle Atocha y que era como una especie de mole gris con unas enormes puertas, había sido un palacio que la Reina María Mercedes, esposa de Alfonso XII le dio a las monjas; y entonces en ese palacio gris, habían esas enormes puertas que cuando una llegaba los domingos de regreso, porque yo estaba interna, se cerraban detrás de uno y hacían un ruido “bumgummmm” y era como quedar encerrada no, y al lado del colegio había un convento de monjas Carmelitas donde solo se asomaban para la hora de la comunión, había una puertecita, sacaban la cara para recibir la comunión. Entonces era un colegio bastante lúgubre, esa calle, que ahora es una calle linda donde está el museo Reina Sofía en esos tiempos era una calle…estaba la morge me acuerdo, pegada al colegio. Entonces era un lugar bastante triste, y nada placentero para una chavala como yo, que estaba acostumbrada al trópico, no conocía el frío, etc, etc.
Después de estar ahí me mandaron mis papás a Filadelfia a estudiar publicidad y periodismo. Y apareció un día un señor que quería a alguien para que trabajara medio tiempo. Y entonces yo levante la mano, no se a que hora levante la mano. Y me fui a trabajar de recepcionista en esta agencia de publicidad, y me dan una máquina de escribir eléctrica, que yo jamás en mi vida había visto una máquina de escribir eléctrica, yo estaba acostumbrada a las máquinas de escribir normales, y yo me hago la que se verdad, y me dicen “empeza a hacer estas facturas” y ya empiezo a hacer yo las facturas y me acuerdo que me equivoque tantas veces y la papelería de la agencia era linda, yo estaba fascinada con la papelería… y me equivoque tantas veces que me dio vergüenza dejar en el cesto de basura todos los papeles que había gastado y me los lleve en la cartera; y ese día cayó la primera nevada, y yo no había visto nevar, porque en Madrid nieva muy poquito, pero en Filadelfia fue la primera nevada, y me toco salir del trabajo como a las 5 de la tarde en medio de aquella cosa bellísima que era la nieve, y yo creía que iba a caminar encima de la nieve y claro te vas hundiendo y yo andaba unas botitas blancas bien bonitas y cuando me vi estaba con toda la nieve metida en los zapatos, bueno una cosa tremenda, pero fue uno de esos momentos en que me sentí “yo puedo hacer esto” “yo puedo perder este miedo” y aprendí a usar la máquina de escribir, y claro el miedo se me fue quitando, y se me quito casi totalmente cuando descubrí la poesía.

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Y este señor que tengo a la orilla mía que se llama Francisco de Asís Fernández, más conocido como Chichi, fue una de las personas que tuvo un impacto profundo en mi vida porque yo empecé a trabajar en una agencia de publicidad, trabajábamos juntos y él me introdujo en la lectura… yo había leído mucho de pequeña, porque fui un ratón de biblioteca, chiquita me dio hepatitis, tenía como 9 o 10 años y pase dos meses en cama, y todo ese tiempo mi papá me llevaba varios libros y yo leía muchísimo, y mi mamá además tenía libros escondidos que yo no podía leer, y esos eran los que más me llamaban la atención, entonces yo aprendí a abrir las cerraduras y logre leer El mundo feliz de Aldus Huxley , un manual de sexualidad que no me dejaban leer, aprendí un montón de cosas leyendo esos libros prohibidos de mi mamá, y también leí un montón de teatro, porque mi mamá fue una de las fundadoras del teatro experimental de Managua, y entonces tenía obras de Lope de Vega, todo del teatro español, y también Shakespeare, entonces yo me leía todo lo que me caía en la mano.
Pero no había leído de literatura latinoamericana, había leído muchos clásicos, y cuando llegue a trabajar en la agencia de publicidad, yo tenía 19 años, ya me había casado, ya tenía una hija, empecé a conocer a estos autores que me fue introduciendo Francisco de Asís, y se me fue abriendo un mundo diferente y empecé a tener la sensación de la poesía muy cerca de mí. Y recuerdo que en esa época era la época de la autenticidad, porque era la época de los hippies, y todo el mundo quería ser autentico y quería ser rebelde, y entonces yo no quería escribir, porque yo decía “se me ocurren un montón de cosas pero voy a faltar a la autenticidad de lo que estoy sintiendo, entonces me acuerdo que le dije a Francisco de Asís “fíjate que se me ocurren cosas” y me dice “escribí que tenés responsabilidad histórica”, y entonces yo me fui esa noche a mi casa y escribí 6 poemas, y aquí cuento, precisamente, El País me pidió este año que escribiera sobre la primera vez, entonces les voy a leer esto que escribí que sobre la primera vez que escribí un poema:
Sentada en una mecedora contemplaba la hierba en el jardín de mi casa, en uno de esos estados hipnóticos con que se asocia el calor del verano al medio día, o esa cierta inquietud del espíritu que no encuentra donde posarse, cuando de pronto la frase aquella apareció en el recto horizonte de mi soporte, moviéndose sinuosa, como una serpiente que imitara al conejo de Alicia pidiéndome que la siguiera a un árbol imaginario en el que iba enroscándose a medida que nuevas palabras se sumaban, apareciendo todas ellas perfectamente articuladas en los anillos del cuerpo reptil, que me tentaba como habrá tentado a Eva el tristemente célebre ofidio del Paraíso terrenal.
Recuerdo que yo tenía las piernas cruzadas encima del brazo de la mecedora, y que me miré los pies, no se porque, ligeramente deslumbrada de que mi mente con el solo estímulo del sol derramándose sobre las hojas de hierba del jardín hubiese empezado a producir la cinta serpiente de palabras cuya rara levedad y sonoro contoneo claramente contenían una idea, un mundo misteriosos que tomaba forma frente a mis ojos reverberando en la luz perpendicular como un animal de espejismos que imperioso me pedía lo concediera de vida y no lo dejara marchar. “Atrápalo” me pedía un instinto que ignoraba hasta entonces poseer, tironeándome el cuerpo fuera de la modorra.

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Y así fue cual si llevaran los brazos la sinuosa frase movediza, que corrí con ella al estudio, encendí la ruidosa máquina de escribir eléctrica, que sin prever ningún destino literario había comprado con el salario inaugural de mi vida adulta y descargue aquel ruido de palabras, aquel reptil de anillos amarillos y hermosos sobre el blanco papel que mis manos introdujeron a toda prisa en el tambor del aparato, y dejándome llevar por la angustia iniciática de la creación, escribí de una vez casi sin respirar las frases entrecortadas que se desenroscaban dentro de mí, con un aliento que me dictaba “corte aquí, pausa allá” palabras apresuradas que salían ansiosas como si hubiesen estado encerradas sin oxígeno y estuvieran ahogándose a punto de sucumbir y cuya vida dependiera de la rapidez de mis dedos tecleteando furiosos con la urgencia de un inminente naufragio alfabético que yo debía evitar, llevando cada una sobre mis hombros, nadando sin tregua hasta la playa del papel en blanco que poco a poco se iba cubriendo de símbolos, mientras dentro de mí el espacio desalojado del lenguaje se llenaba de una alegría extraña, de un aire limpio y soleado como el que se sueña cuando se tiene una línea de ropa mojada y se ruega que la lluvia no llegue a estropearle la amorosa labor de fregar los pantalones sucios de los hijos. Tres o cuatro páginas después, extenuada y feliz, ojee los papeles, contemple lo hecho y supe que por primera vez había mordido la serpiente y escrito poesía.
La poesía me dio no solo una razón de ser, sino que me descifró la manera de hablar en el mundo como una mujer orgullosa de serlo, y dispuesta a pregonar una noción gozosa de mi ser, que no me obligara a ocultar mi papel biológico y ni mi sexualidad.
Me libere de muchas maneras y perdí el miedo de hacer todo lo que podía hacer. Fue la época también en la que me uní a la lucha política contra la dictadura Somocista, el FSLN en esos tiempos era tan distinto a este que ahora está en el poder. Y empecé a escribir poesía y se empezó a publicar la poesía, recuerdo que cuando le lleve los poemas a Francisco de Asís al día siguiente de haber hecho ese descubrimiento de mi propia capacidad de hilvanar esas frases, me dijo “Trabaja esto…cuando seas como nosotros” porque estaba Carlos Alemán Ocampo ahí me acuerdo y dice “Cuando seas como nosotros todo lo que escribas va a ser perfecto, pero ahora tenes que trabajar” Y entonces me puso “Lee ese poema y decime que le falta, que le sobra, porque el poema tiene que ser como un nacatamalito, tiene que estar bien apretadito y que no le falte ni le sobre nada.”
Pero bueno después de que trabaje mis nacatamalitos y lleve los nacatamalitos trabajados, entonces Carlos y Chichi me fueron a acompañar a La Prensa a ver a Pablo Antonio Cuadra que estaba ahí en su oficina en el diario La Prensa, y le llevamos los poemas, y Pablo Antonio estaba encantado con la poesía, le gustaron mucho mis poemas, y me mando recuerdo a Roger Pérez de la Rocha a mi casa a hacerme un retrato. Y bueno yo estaba fascinada de la vida, pero no sabía como entender todo esto que me estaba pasando, y los poemas salieron publicados como a los 15 días que los escribí, mis primeros poemas salieron publicados en La Prensa Literaria, y me acuerdo que decía el titular “Una nueva voz en la poesía nicaragüense” yo por supuesto me sentía orgullosísima y llego al domingo familiar, todos los domingos se reunía mi familia a almorzar, y cuando llegue yo muy creída pues porque pensaba que ya había salido en el periódico, me quedan viendo todas mis tías con los ojos horrorizados y me dicen “Como es posible que hayas publicado esos poemas, unos poemas sobre la menstruación, que cosa más espantosa, de eso no se escribe, eso es algo horrible, pobre tu marido…” Bueno fue una cosa tremenda, realmente se creó un escándalo, fueron un escándalo terrible en mi familia, sobre todo porque mi marido me prohibió que publicara nada más, me dijo que él tenía que leer mis poemas antes de que yo los pudiera publicar, yo le dije “Nunca te voy a enseñar un poema para pedirte permiso, prefiero guardarlos” hasta tengo un poema que dice “prefiero que se vuelvan lechuga, que echen moho en una gaveta a pasar por la censura. Afortunadamente me bendijeron los monstruos de la literatura nicaragüense, Coronel, Carlos Martínez Rivas, empezaron a decir que mis poemas eran muy buenos, y Coronel conocía a un montón de señoras de mi familia, entonces me empezaron a respetar, además yo seguí publicando no me deje.

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Por esa época mande mis poemas al concurso de la Universidad Nacional del que era rector Carlos Tünnermann Bernheim, al premio Mariano Fiallos Gil y me gane el premio. Y me acuerdo que esa fue una experiencia increíble para mi, porque llegue al paraninfo donde entregaban el premio y era muy ceremonioso toda la entrega del premio, el lugar era de mucha ceremonia y yo tenía que leer mi poesía y nunca había leído mi poesía en alta vos y para nadie, y recuerdo que cuando empecé a leer la poesía fue una sensación de poder extraordinario, porque de repente cuando la palabras alió de mí y empezó a relacionarse con la gente que estaba oyendo lo que yo estaba diciendo, como que yo la veía cambiar, como que la veía pasar por todos esos rostros y de repente me devolvía a mí una sensación de comunicación, de que yo podía estar en el corazón de todas la gente que me estaba oyendo.
Y me acuerdo que hubo alguien que se le salieron las lágrimas cuando yo estaba leyendo y no podía creer yo que la poesía pudiera evocar esas sensaciones, esas emociones… osea no es que no creyera, sino más bien… porque a mí me había hecho llorar la poesía muchas veces, pero el hecho de que seas capaz de poder escribir de una manera que se puede comunicar con otra gente de esa forma como para tocar, hacer vibrar las cuerdas que todos tenemos dentro, me dio una sensación de maravilla, y de sentirme muy bendecida, de que la vida me hubiera dado ese enorme regalo de poder escribir de poder decir.
Y claro me empecé a sentir que tenía un talento y que ese talento implicaba una responsabilidad que no era nada más algo gratuito, sino que también algo que yo debía trabajar, cultivar y hacerme responsable de esa posibilidad. Entonces tuve la enorme suerte de que estos grandes escritores nicaragüenses, me acuerdo Carlos Martínez Rivas fue jurado de ese premio, y me llamó y me dijo “Vení que quiero hablar con vos” en la oficina de Samuel Barreto, nos juntamos y me fue leyendo poema por poema, todos los poemas del libro “Sobre la grama” que fue el libro que yo mande a concursar, y me iba diciendo a donde termina este poema, que es lo que le falta a este poema; osea fue una cosa bellísima porque tuve el enorme privilegio de que un poeta de esa calidad y de esa altura tuviera conmigo esa deferencia de maestro, de darme esa transmisión de su propia experiencia y de leer mi poesía con esa capacidad de criticar sin criticarme, porque realmente el me dejaba a mí que yo fuera quien descubriera dentro de mi propia poesía donde estaba lo que sobraba.
Y me encontré el otro día una carta de Carlos Martínez buenísima para mí, que dice “Hay que tener cuidado de la inspiración porque la inspiración tiene sus acierto, porque la inspiración al azar te puede hacer escribir poesía pero no un poema” y me pareció muy…a propósito de eso que nos pasa a todos en la juventud que es se nos va, claro de repente uno descubre el don poético y empieza a escribir y podes armar fases bellas, metáforas, etc, pero no son un poema. Son pura poesía que no tiene esa integridad, esa capacidad de transmitir ese sentimiento puro, ese nacatamalito que decía Chichi de la poesía.
Mi primera presentación del libro ya oficialmente fue en la galería Tague, me acuerdo, era del grupo praxis en esa época de pintores, estaba Michele Najlis, y hacían reuniones, tenían una posición política importantes, y Mercedes Gordillo tenía la Galería Tague y ahí presente mi primer libro “Sobre la grama” que ese libro salió publicado gracias a INDESA que era la compañía financiera de la que era gerente Jaime Morales Carazo, Jaime Morales Carazo se convirtió en un mecenas para las artes con esa compañía, yo le llevaba la cuenta de publicidad, yo trabajaba en una agencia de publicidad, y entonces cuando el se dio cuenta de que yo era poeta y que pues publicaba en el periódico, y me dice “Mira si vos querés publicar un libro yo te lo patrocino, lo vamos a publicar para darlo de regalo de navidad a mis clientes. Entonces mi primer libro de poemas “Sobre la grama” salió patrocinado por INDESA y como un regalo de navidad para los clientes de INDESA y a mí me dieron un número de ejemplares, y me pidió que José Coronel Urtecho escribiera un prólogo para ese libro, entonces José escribió un prólogo bellísimo, y así fue como salió mi primer libro de poemas y fue presentado en la galería Tague.
En ese tiempo descubrí a Julio Cortazar con Rayuela que fue uno de los libros que me impactó profundamente en esa época, yo quería ser La Maga, yo quería tener los libros, porque La Maga tenía los libros en el bidé de su cuarto, y siempre hablaba de que le faltaban libros que leer, y decía “Libros menos” porque su novio Horacio Riveira era el que siempre se leía un libro más, y ella decía “tengo un libro menos que leer” y la Maga era un personaje extraordinario, entonces yo me leí ese libro de Cortazar de atrás para adelante, de adelante para atrás, y lo tenía como libro de cabecera, y fue una de las influencias más importantes para esa época de mi vida; también la antología de poesía norteamericana que tradujo Ernesto Cardenal con José Coronel Urtecho, recuerdo que fue un libro muy importante para mí ene se tiempo, los poemas de Ernesto Medina Sánchez, de Carlos Martínez Rivas, de Joaquín Pasos.

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Bueno después pasaron muchísimas cosas, yo seguí publicando, pero en el 75 ya involucrada con el Frente Sandinista me tuve que ir al exilio, y en el exilio tuve la gran suerte de conocer a Efraín Huerta, el poeta mexicano, y trabaje con él, pasándole a máquina unos poemas de un libro que se llamaba Circuito interior. Él me dio trabajo yo creo que porque le di pesar, porque vivía en un cuartito, y entonces Efraín me tenía listos confites, un vasito de agua a la orilla de la máquina, lindo él, cigarritos, y me llevaba a pasear en las tarde a tomar café en Polanco, y él era el esposo de Thelma Navas que es una gran poeta mexicana, que era la presidenta del comité de Solidaridad con Nicaragua en esa época, y ahí en México nos juntamos un montón de gente que estábamos todos trabajando en montar todas las estructuras de apoyo a la lucha Sandinista que se estaba empezando a mover dentro de Nicaragua.
En 1980 ya triunfo la revolución, yo regrese a Nicaragua, yo pase mucho tiempo sin escribir poesía, porque me pasaba escribiendo comunicados, propagandas y trabajando, estaba trabajando en una agencia de publicidad, nació mi hijo Camilo, entonces Sergio de Castro tomo mi lugar en la agencia de publicidad, todo el mundo me ayudaba a mí la verdad y yo estaba trabajando más profesionalmente en el Frente, así que no los voy a aburrir con los primeros años de la revolución pero si en 1978 con Claribel Alegría nos ganamos el premio Casa de las Américas, con un poemario que se llama Línea de Fuego. Y me invitaron de jurado para el premio Casa de las Américas y cual es mi susto que llego ahí y esta Julio Cortazar, Julio Cortzar paso un mes, porque nos invitaban un mes a Cuba a leer 800 libros, entonces pasábamos encerrados, pero todos los recreos del tiempo que estábamos en el hotel nos juntábamos y almorzábamos, y entonces a mí se me caía la baba viendo a Julio Cortazar porque era pues una figura tan especial, y era un ser tan bello, era poesía pura, Julio Cortazar era como un angelote, solo las alas le faltaban porque era un hombre altísimo con unos ojos azules, lleno de dulzura, y tenía una enfermedad que lo hacía crecer, entonces siempre estaba creciendo, se fue poniendo más alto y más alto y más alto.
Entonces seguí publicando poesía más o menos en 1984, yo empecé a sentir que ya la poesía no me lograba satisfacer totalmente, que me estaba repitiendo, empecé a sentir la necesidad de escribir otra cosa, de poder darle voz a la experiencia que yo había tenido y de las experiencias de tanta gente que yo había oído y ya en 1973 yo había tenido la idea, como una especie de duermevela había visto un árbol y una mujer dentro de un árbol y había tenido la idea de esta novela donde una mujer entraba a vivir dentro de un árbol y se posesionaba del árbol y se convertía en el espíritu mítico que de alguna manera influenciaba a otra mujer, e inicialmente la novela era : la mujer en el árbol era alguien que había muerto durante la revolución y la mujer que influenciaba y con la que desarrollaba esa relación misteriosa, era una mujer que ya vivía después de la Revolución.
Entonces yo empecé a escribir, trate de escribirla varias veces y no podía, pero en 1985 más o menos me puse a escribir un ejercicio de descripción, a contar el camino que yo caminaba de mi casa al trabajo, y empecé a escribir y de repente empecé a ver las casas, empecé a ver a esta muchacha caminando, y como 5 páginas después me di cuenta que estaba escribiendo la novela, entonces escribí, escribí y escribí 250 páginas sin parar, no por supuesto de una sola vez, y de repente me paré y vi que no podía escribir, que la relación de las dos mujeres no funcionaba, y en esos días me toco ir a México y me quede en la casa de Mundo Jarquín y Claudia que eran embajadores de México en esa época, y me acuerdo que estaba durmiendo la siesta y de repente oí la voz de la mujer en el árbol y resulto que era esta india Itzá y comprendí que la estructura de la novela era no de dos personas tan cercanas en el tiempo, sino de dos personas lejanas en el tiempo, y de repente fue como una cosa mágica que vi la novela casi completa de principio a fin, y estaba en México de casualidad y me fui a buscar todos los libros que pude encontrar sobre la cultura Nahualt, sobre la mitología de mesoamérica y ya empecé a escribir la novela, vote las 250 páginas que tenía y empecé otra vez y ese fue el nacimiento de La mujer habitada.
Cuando terminé La mujer habitada yo había conocido a un señor en México que era el editor del editorial Diana, entonces yo metí mi novela en una bolsita y se la mande al editor del editorial Diana, y no se al cuanto tiempo recibí una carta que decía que le interesaba publicar mi novela, yo fascinada verdad por supuesto, también la leyó Hermann Schulz, que era el editor alemán de Ernesto Cardenal, y ya Hermann me había publicado unos libros de poesía en Alemania, entonces sin leer la novela me dijo yo te la publico, y así fue como salió La Mujer habitada en 1988 y de repente me ví con esta novela que empezó a ser un éxito, salió publicada primero en Alemania porque la editorial Diana tuvo unos problemas de producción y entonces los alemanes fueron mucho más eficientes y la publicaron para la feria del libro en Frankfurt y salió en español como dos meses después, y siempre hay quienes me regañan porque dicen que al di a publicar primero en alemán que en español y no es cierto, fue esa situación particular.

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Y entonces entre en un mundo totalmente distinto, que ya es el mundo de los agentes, de los contratos, de toda esa difícil relación que se establece entre algo que vos has hecho en la soledad más absoluta y que no pensaste que iba a pasar nada y de repente tener que estar lidiando con las cuestiones legales, con la necesidad de un agente, entonces me invitaron a la feria del libro en Frankfurt, y yo había oído hablar de Carmen Balcells una gente que era muy famosa, y yo pregunte cual era el stan de Carmen Balcells y simplemente me fui caminando donde ella y le dije yo necesito un agente, y de casualidad estaba ahí un señor que había oído hablar de mi por Salman Rushdie por alguien que me había conocido y le dice “Esta mujer es maravillosa” entonces como que tuve una suerte increíble y entonces Carmen Balcells me dice “bueno veámonos a media noche en el hotel” porque así era en Frankfurt, eran todos esos negocios a media noche, y entonces fui a ver Carmen Balcells, y ella se convirtió en mi agente.
Y de ahí ya empezó esa otra parte de la vida del escritor que yo no tenía ni idea de que existía, que es la vida de los viajes, de las entrevistas, de la fase pública en que en estos tiempos el escritor no solo necesita escribir, sino también hace un especie de performance, tiene que saber hablar, hacer entrevistas, hablar en público, y es la parte que menos me gusta porque no soy… Ala Ilse tiene una cosa muy bonita que dice “Yo no soy mujer de multitudes” yo tampoco.
Entonces para mí ha sido todo un entrenamiento, tener que aprender por ejemplo hacer la misma entrevista todo el día, porque cuando sale un día, el editor te invita y llegas a un lugar, llegas a la Argentina por ejemplo y te meten en un hotel y desde las 9 de la mañana hasta las 6 de la tarde es como un confesionario, y que entra un periodista, sale otro periodista y las preguntas son más o menos las mismas, y entonces una se aburre y quisiera poder inventar otras cosas que no son las que escribió, porque ya te aburriste, pero bueno es parte de lo que uno tiene que hacer.
Y después que escribí La mujer habitada, decidí escribir una novela que no tuviera nada que ver conmigo, que no tuviera nada que ver con mi experiencia, hacer una novela que saliera totalmente de mi imaginación, y esa novela fue Sofía de los Presagios, que a mí siempre me encantaron los que nosotros le llamamos los pueblos, ir a Diriomo, a Catarina y a todos esos lugares, y empecé a inventar esta historia de esta niña que la dejan tirada los gitanos, porque Julio Valle me había contado que por aquí pasaban gitanos en un momento, los húngaros dicen q les decían y ahí empecé a hacer una novela, empecé a urdir esta trama y empecé a hacer una novela que fue total y absolutamente ficción.

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Después vino Waslala, que fue una novela que me costó 6 años de trabajo, que no lograba resolver, pero yo quería escribir sobre la utopía, la búsqueda de la utopía, y me acuerdo que en un festival, en el primer festival estábamos en el conversatorio, y Napoleón Chow hablo algo sobre el poeta Coronel en el río y de repente fue algo…como pasan las cosas en esto de la creatividad y la imaginación, empecé a ver al poeta Coronel como un personaje de la novela y ahí ya tuve la clave para empezar a escribir esa novela, que me costó muchísimo, es una de las novelas que más me ha costado, después que le escribí y que se publicó todavía la corregí, corregí y le quite 100 páginas, de tal manera que la segunda edición tiene 100 páginas menos.
Después vino El pergamino de la seducción, y empecé a contar la historia de ese colegio en España donde yo había estado, lo que había significado estar tan jovencita en ese ambiente y de repente se me cruzó la Reina Juana. Porque cuando yo estaba en el colegio mi mamá llegaba y me llevaba a lugares, y me llevo al escorial una vez y había un guía que nos contó sobre la reina Juana, la reina que se volvió loca de amor, y toda esa historia me cautivó a mí, claro a los 14 años, y entonces me acorde cuando empecé a escribir El pergamino, de esa historia, entonces empecé a buscar información sobre la reina Juana y me fue fascinando todo lo que empecé a leer, y fue así como empezó a juntarse la historia original que yo había concebido con la historia de la reina Juana.
Entonces ahora les voy a cerrar, les hablaba del miedo, porque lo más terrible para mí es cuando termina uno una obra, yo acabo de terminar ahorita El país de las mujeres, basado en una experiencia linda que tuvimos en Nicaragua también del partido de la Izquierda Erótica, que fuimos un grupo de mujeres que hicimos esa especie de conspiración en silencio, para lograr que la voz de la mujer se escuchara dentro de la revolución, y ya he andado del timbo al tambo con el libro, hablando hasta por los codos, y es terrible, porque cuando el libro sale ya ha pasado como un año desde que una termino de escribirlo, y entonces tiene que andar hablando de algo que ya de una manera ya guardaste, ya lo hiciste, y después cuando sale cada traducción, hay que volver a sacar todo el instrumental que tiene una adentro y explicar que tiene el libro en cada idioma que va saliendo, lo cual es bastante difícil.
Entonces después que termino una novela quedo totalmente despojada, agotada mental y físicamente, y yo no soy como la Isabel Allende, que dice la Isabel Allende que ella todos los 8 de enero se sienta en su computadora y tiene que empezar a escribir algo nuevo, y tiene ese como rito, ese número para ella es mágico, y realmente escribe un libro cada año, entonces yo no tengo eso, yo no tengo ningún rito mágico y la angustia que me da, y ese miedo que les contaba al principio me vuelve completamente como de nuevo, cuando quedo en ese interregno entre una novela y otra. No me pasa con la poesía, porque la poesía yo la sigo escribiendo, cuando estoy escribiendo una novela escribo poesía, y al final cuando termino la novela veo todo lo que he dejado en la computadora poemas que no vuelvo a ver y después paso por el trabajo de revisarlo y así he ido sacando libros de poesía en medio de las novelas, porque la poesía es un refugio, la poesía jamás me ha fallado, porque cuando la novela se termina, cuando ya está publicada, viene la angustia de pensar si viene una u otra novela dentro de mí, si existe otra historia que contar, y ahora cada vez siento más angustia porque estamos en un mundo donde la comunicación, los blogs, el twitter, el Facebook, todos esos instrumentos de comunicación, nos están cumpliendo de alguna manera la función de permitirnos vivir vicariamente las vidas de otra gente.
Yo creo que los libros, las novelas han servido para permitirnos una multiplicidad de experiencia, porque el ser humano solo tiene un nombre y vive una sola vida, y la manera en que logramos vivir es a través de estas otras experiencias que somos capaces de absorber a través de la literatura, a través del cine, pero ahorita tenemos la sobre carga de información, la sobre carga de esta vida a la que estamos expuestos constantemente por todos estos medios masivos de comunicación, y medios interactivos, ahora por ejemplo el último iphone que salió se está discutiendo porque a ese iphone vos le podes hablar le podes decir conseguime la dirección de tal parte, donde queda tal hospital, y el aparato te contesta, entonces decían que pronto se va a acabar el teclado, que pronto ya no va a ser necesario teclear, y eso tendrá un impacto en la manera en que pensamos, de la manera en nos comunicamos y por supuesto de la manera en que escribimos, entonces yo estoy un poco pensando cual va ser el reto del escritor de ahora en adelante, no tanto como nosotros, creo que en América Latina todavía nos protege el hecho de que por ejemplo en Nicaragua solo el 2% de la población tiene acceso a los medios electrónicos, pero cada vez más se está llegando a la sensación de que se está llegando al fin de una manera de conversación y está empezando el advenimiento de otra manera de comunicación, y nos solo eso, sino que cada manera de comunicación genera en el cerebro otra manera de funcionar.

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Los jóvenes ahora por ejemplo, yo lo veo, yo tengo una hija de 17 años, tienen una capacidad de retención y de atención bien limitada, porque brincan de una cosa ala otra constantemente, leen casi todo en el internet, y esa es la gente que nos va a leer, que lee los libros, son los jóvenes, cuando nos muramos todos nosotros que va a pasar con todo ese acervo de experiencia humana, se va a digitalizar, va a estar todo digitalizado, se va a poder oír, será acaso que no vamos a leer más, cual es la dimensión de lo que significa la revolución tecnológica y lo que va a significar a nuestra profesión como escritores, es realmente un reto tremendo, porque quiere decir que nosotros como escritores tenemos la responsabilidad a mi manera de ver de conservar los libros, como en el tiempo de… no se si ustedes conocieron ese bellísimo cuento de Ray Bradbury que luego lo hicieron película Fahrenheit 451 donde es una sociedad donde los libros son prohibidos y donde las bibliotecas las incendian porque consideran que son peligrosas, y entonces hay un grupo de gente que se aprenden los libros de memoria y que viven escondidos en el bosque y que cada uno ya no tiene nombre, se llaman como el libro que se saben de memoria, entonces por ejemplo vos podías ser La Guerra y la Paz, vos podrías ser Madame Bovary, y tiene que ver con eso de que la comunicación cambia, y como nosotros los escritores modernos vamos a hacer una manera para crear una forma de escribir que sea capaz de comunicarse con esa nueva manera que va a estar el cerebro cableado, el cableado del cerebro, pero yo pienso que nosotros por lo menos vamos a sobrevivir porque somos subdesarrollados, y en ese sentido el subdesarrollo es una gran cosa, por lo menos nuestra generación no nos tenemos que preocupar porque es lo que va a pasar sobre la vida de los libros no?.
Y ahora les voy leer que es de las cosas que más me gusta hacer, les voy a leer unos poemas que son inéditos, son de un libro que todavía no tiene nombre, que estoy formando, vamos a ver como me queda.
1. Señales del amor
2. Este tiene un epígrafe de Rubén Darío…
3. Desorden
4. Este poema la Luz Marina lo va a reconocer porque es el poema de cuando una anda en conciertos con el grupo Sal en Alemania se llama “En Conciertos”
5. Redención de la inconformidad.
6. La mariposa……….
7. Me hago mujer trasiego mi sustancia de niña…..
8. Poder de la poesía…
Agradece q todos por haber llegado***

Palabras de Gioconda Belli, durante su intervención en la serie de conferencias de El Autor y su obra, que promueve y organiza el Festival Internacional de Poesía de Granada.

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