El autor y su obra

Luis Enrique Mejía Godoy, música y palabra

Luis Enrique Mejia Godoy

Alejandro Serrano Caldera

Luis Enrique Mejia Godoy

Luis Enrique Mejía Godoy fue homenajeado por el Festival Internacional de Poesía de Granada, en El Autor y su obra.

El Autor y su Obra rinde homenaje hoy a Luis Enrique Mejía Godoy, uno de los artistas más destacados en la historia cultural de Nicaragua. Su sensibilidad recoge y expresa las manifestaciones más sustanciales de la identidad nicaragüense, en su ser, hacer y decir, transformadas en canciones en las que se refleja el alma de nuestro pueblo, pero también sus ilusiones y desilusiones, esperanzas y desencantos.
Luis Enrique es un artista excepcional que crea un mundo en su música y en sus palabras, al recrear la circunstancia que forma la realidad a la que pertenece, de tal manera que en sus canciones se revive la historia y se construyen anhelos y aspiraciones del pueblo nicaragüense.
Su música, como la de su hermano Carlos, emblema y símbolo del arte nicaragüense, es relato de lo que es, himno de lo que debe ser, raíz de la historia de nuestro país y horizonte de sus esperanzas. Ella es nostalgia de lo que ha sido, pero sobre todo nostalgia de lo que no ha sido, de lo que no ha podido ser o de lo que no es todavía.
Su guitarra y su voz son un desafío para todos, un reto para cantar y actuar, una invitación a la acción que permite crear nuevos mundos más justos, sensibles y esperanzadores.
Sus canciones recorren el pentagrama de la sensibilidad nicaragüense y despiertan cada una de ellas sentimientos de lucha y solidaridad, los que surgen, tanto en la búsqueda de la libertad y la dignidad nacional, como en el acontecer cotidiano en los que afloran los sentimientos en diferentes circunstancias. “Allá va el general”, “Pobre la María”, desde situaciones diferentes, motivan sentimientos semejantes de solidaridad y justicia.
De la misma manera, pero desde diferentes contextos, con otros acordes y otras palabras, igual nos habla de “Venancia”, que del “Compañero César” en su gesta liberadora y su gesto heroico en la lucha por la defensa de la independencia de su país y la soberanía de su pueblo.

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Durante la presentación de El Autor y su obra en el INCH en Managua.

Asimismo, hace de la nostalgia un compromiso cuando dice “Volveré a mi pueblo”, a ese pueblo que, aunque ausente en su geografía, lleva siempre en el corazón y el recuerdo.
O cuando al reafirmar que “Somos hijos del Maíz”, nos hace sentir que ese alimento es, sobre todo, símbolo de nuestra identidad y de la esencia del ser nicaragüense que también proviene de la sencillez del pueblo al que se pertenece, pues “Yo soy de un pueblo sencillo”, canta, para identificar desde esa humilde procedencia, el gesto de orgullo que surge de lo profundo para identificar a Sandino, el héroe que consagró su vida a la lucha por la soberanía de Nicaragua.
Y qué decir de la sensibilidad hacia la mujer, de las palabras que reconocen la dignidad del ser femenino en “Mujer de carne y hueso”, y del sentimiento de humanidad con quien sufre la injusticia, “Pobre la María”, por lo que ella representa como sujeto de su solidaridad y ternura. Pero también el grito de quien tiene “América en su voz” y que hace del amor por su tierra, “Nicaraguamor” un solo sentimiento y una sola pasión.
Ese mismo poeta es el que canta a “Este país” y a “La libertad”, a “Los niños de la guerra”, héroes de la infancia en la que se ha sustituido la inocencia y alegría de los juegos infantiles por la lucha y el compromiso. El que expresa con fuerza y emoción la música, la letra y el ritmo de la Costa Caribe, en los que se completan y enriquecen los latidos apasionados del corazón nicaragüense.

0Pero su arte es también evocación de formas musicales que se encarnan en nuestra tierra de América para crear así la melodía, la palabra, y el ritmo del bolero. Acerca de su disco “Mis boleros”, sobre el que tuve el gusto de hacer la presentación, expresaba que, “es una mirada inaugural sobre antiguos senderos que florecen ante el encanto del encuentro entre música y poesía, en el que la música es en sí misma poesía y la poesía música, melodía y armonía en la belleza reencontrada de las palabras”… “El esplendor de la poesía nos descubre de forma más plena al poeta que se insinúa siempre en toda su obra musical, pero que aquí adquiere en la palabra dicha y cantada, una dimensión más cristalina y transparente”…Es un canto a la mujer, al amor, pero es también un canto al bolero, pues como él mismo lo expresa, “el bolero es el espejo de todos los corazones, inventario de cabangas, melodía y gramática del alma, es curarnos las heridas desgranando una canción”.
Su libro Relincho en la sangre recoge los aspectos principales de su vida. “Ancestros”, “Infancia”, “Los sobrinos de Monseñor”, “Nostalgias”, y “Trovando caminos”, son las estaciones de un itinerario rico en experiencias, recuerdos, acciones y proyectos en donde se entremezclan su familia, que es una congregación de artistas y creadores, el recuerdo de sus padres Carlos Mejía Fajardo y María Elsa Godoy de Mejía, el pueblo, el país, entre la circunstancia e imaginación que construye realidades y sueños.
“Trovando caminos”, el último capítulo de su libro, nos presenta al cantor, poeta y revolucionario en los diferentes momentos de la narración. “De los Rufos a la Revolución”; “El Ché”; “El Norte”; “Oficio de cantar”; “Astillas del mismo canto”; “Amor al arte”; “Amando en tiempo de guerra”.
También evoca su ruta de juglar en la canción de protesta en varios países, principalmente en Costa Rica, en los que los ecos de su canto anuncian al revolucionario que con su guitarra y su voz, habrá de convocar voluntades y esperanzas en la lucha por la libertad de su patria.
Su arte y trayectoria, acompañados en algunos momentos de su itinerario por grupos como Tayacan y Mancotal, entre otros, nos enseña que “trovare” un camino es encontrarlo (en italiano trovare es encontrar), pero es también cantar un camino en la música y la palabra del trovador caminante; Pero nos enseña también que es sobre todo construir un camino, pues como nos lo recuerda el poeta español Antonio Machado, “Caminante no hay camino, se hace camino al andar”.
Luis Enrique entrega a Nicaragua el ejemplo de los caminos construidos y el reto de seguir construyendo nuevos senderos, por donde transiten la libertad y la dignidad, la sensibilidad y el compromiso.
Ese es el trovador que con su canto y su guitarra, y con la inspiración de su esposa Lucía y de sus hijos, descubre y construye a la vez el alma nicaragüense; el artista que evoca en sus canciones los sentimientos más auténticos y que hace aflorar en un crisol de emociones los valores más profundos del corazón humano.

Alejandro Serrano Caldera
25 Junio 2014
INCH

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