La poeta Aleyda Quevedo de Ecuador nos ha enviado este hermoso poema inspirado en su visita al Festival y su encuentro con el Gran Lago en cuya ribera está Granada.
En Granada, Nicaragua, existe un lago
con más de ocho mil kilómetros de tonalidades,
que van del ámbar al verde caña,
deteniéndose ligeramente en el gris azulado.
El lago tiene sus puertas veladas por la noche
y nadie sabe a qué profundidad exacta está su corazón.
La extensión interna del Cocibolca,
apenas me alcanza para nombrar
lo volcánico de tus besos en mi cuerpo.
Agua verde jade,
luz metálica de febrero,
y las olas que llegan recias,
al borde de mi antiguo deseo.
Debe ser el viento histérico,
algo frío y loco
que sopla en este lago ancestral.
El viento va y nos junta.
Viene y nos separa.
Golpea tu rostro y enreda mi cabello,
que pacientemente ordenas, besas
y acaricias, con ternura desconocida.
El Cocibolca repleto de fantasmas.
Fuera de él no quiero entender,
ni recordar, ni matar nada, ni a nadie.
Varias veces te pido:
no me marques con tus besos puros.
No, en este lago de amantes
que separan sus destinos.
No, con este viento poderoso
que sabe de trampas.
Pero no me escuchas,
y me besas sin detenerte.
Los ojos del Cocibolca nos observan y se te parecen.
Tus ojos y los de este lago,
callados y hondos, perversos y tristes.
Creo que tú y el lago llegaron al fondo,
tomaron el puñal de las angustias
y humildes emergieron
a la superficie para buscar la felicidad.
Las olas de mi deseo te morderán el corazón.
Mi aliento que quiere comerse al mundo
te envolverá por los siglos de los siglos,
igual que el azufre
y los vapores de esta tierra
volcánica e inquebrantable,
te perseguiré para cuidar tu sueño.
En Granada, Nicaragua, un lago,
y en su muelle blanco
una pareja contempla
a las águilas pescadoras, que aunque serenas,
solo el viento histérico logra distraerlas.
Somos los únicos en este lago,
arropados por el viento y su misterio.
El viento que no es únicamente aire,
porque el viento de este lago dulce
abrió sus puertas para que entráramos
en lo imposible de vivir.
Ahora sé bien
que al igual que mi amada Emily Dickinson,
vivo en la posibilidad.
El viento de hoy,
tu amor de horas,
este lago abismal,
y la perdición de tus besos sobre mi cuerpo
no me alcanzan para nombrar
la belleza del Cocibolca que me alucina.
Me aterra pensar que fui feliz aquí,
que no siento culpas,
ni remordimientos.
Esto es lo que merezco,
tus besos de viento perfumado
que me consuelan,
y devuelven la inocencia.
Este poderoso viento que me hace entender
que este viaje tenía que ser.
Este lago de puertas gigantes
que entra en mí,
para dejar de ser yo,
y así ser otra más libre.
Esa que ya no cabe ni en su sombra,
aunque esencialmente,
la misma mujer, siempre otra.
La de las posibilidades,
aquella que siendo otra, ninguna y todas
es la única que ejerce su libertad.
Soy otra
y todas las que amaste,
contenida en esta mujer
que besas rodeado de aguas ancestrales.
Más sé bien que el tiempo pasa de largo
venciendo cualquier oráculo,
borrando la pasión
y la velocidad del corazón que sale
por la boca en forma de meteorito.
Secretamente cuando sueño,
es el lago el que me posee
en mi verdadera naturaleza.
Ahora somos él y yo.
Y tú, querido mío,
sin una pizca de duda,
puedes empezar a olvidarme,
y entrar en ese siempre de mis besos
que ya no existen,
porque mi fe es del Lago de Nicaragua.
Felicidades, el poema es esplendido, laforma y la sensualidad al hablar del viento del lago, de los dos besandose….
Es unico