Festival Internacional de poesía de Granada

El Festival Internacional de Poesía de Granada (FIPG) es la fiesta literaria más grande de Centroamérica.

En 2017, el FIPG se dedicará a

 Manolo Morales

y en saludo a la memoria al poeta salvadoreño

Roque Dalton

Manolo Cuadra

MANOLO CUADRA

Poeta, narrador y ensayista nicaragüense, nacido en Malacatoya (en el departamento de Granada) el 9 de agosto de 1907, y fallecido en Managua el 14 de noviembre de 1957. Firmó todas sus obras con la forma hipocorística de su nombre de pila, por lo que pasó a la historia de la Literatura nicaragüense con el nombre de Manolo Cuadra. Figura cimera de las Letras centroamericanas de la primera mitad del siglo XX, sobresalió por su adhesión entusiasta a la Vanguardia y, en una etapa ulterior, a la poesía testimonial de marcado acento político. Luchó, además, incesantemente, desde su ideología izquierdista, contra la dictadura de Anastasio Somoza García, lo que le ocasionó graves perjuicios en diferentes períodos de su vida (encarcelamientos, persecuciones, destierros, exilios…).

Los primeros años de su vida transcurrieron en su Malacatoya natal y en la ciudad portuaria de San Juan del Sur (perteneciente al departamento de Rivas), de la que siempre habría de conservar algunos de los mejores recuerdos de su infancia (“La luz rosada al alba su lámpara prendía / y el mar era sonoro allá en San Juan del Sur“, rememoró, en 1944, en su sentida “Elegía de dos niñas con súplica final a un marinero”). Y en 1915, al cumplir los ocho años de edad, se estableció con su familia en Granada (capital del departamento nicaragüense homónimo), donde cursó sus estudios primarios y secundarios en la escuela que allí regentaban los padres salesianos.

Permaneció durante varios años en Granada, incluso después de que su familia hubiese abandonado la ciudad para asentarse en Masaya. Entretanto, el joven Manolo Cuadra se especializó durante su bachillerato en los estudios de radiotelegrafía, lo que le permitió, al reunirse con los suyos en Masaya en 1924, encontrar un cómodo empleo en la oficina de telégrafos de esta localidad.

De 1928 data uno de los poemas más célebres de Manolo Cuadra, “Perfil”, que aprendido y recitado de memoria por numerosos lectores y compañeros de andadura literaria, le consagró como una de las cabezas visibles de la Vanguardia en Nicaragua: “Yo soy triste como un policía / de esos que florecen en las esquinas, / con un frío glacial en el estómago / y una gran nostalgia en las pupilas […]”. Por aquel tiempo, se ganaba la vida desempeñando los oficios más variados en diferentes poblaciones de su país, como Rivas, Masaya y Tipitapa, o los pequeños poblados de Las Maderas y Las Banderas, en los que trabajó como pulpero (dependiente de cierto tipo de establecimiento en el que se despachan bebidas, comestibles, drogas y otros géneros muy diversos).

A finales de 1931, el joven Manolo Cuadra se instaló en Managua, donde, a comienzos del año siguiente, puso sus conocimientos de radiotelegrafista al servicio del entonces denominado Ejército Constabulario, que más tarde habría de ser conocido como Guardia Nacional. Ya firmemente comprometido con la ideología de izquierdas y con la defensa de las causas de los más desfavorecidos, las obligaciones de este nuevo empleo le obligaron a ir en contra de sus ideas, pues fue enviado a Quilalí (en Las Segovias) para apoyar, como operador de radio, a las tropas que allí se enfrentaron contra las huestes revolucionarias del guerrillero Augusto César Sandino.

El desempeño de este oficio de radiotelegrafista militar le llevó, entre 1933 y 1934, a otros poblados nicaragüenses como El Jícaro, Ocotal y Teotecacinte; hasta que, hastiado de prestar sus servicios al ejército, en 1935 Manola Cuadra abandonó la Guardia Nacional y se afincó nuevamente en Managua, donde recurrió al cultivo del periodismo como fuente de ingresos. Mas no por ello logró alcanzar su objetivo de apartarse del clima bélico que, a la sazón, estaba presente en todas las parcelas de la vida de la pequeña nación centroamericana, pues, entre las principales labores que le tocó desempeñar como periodista, ocupaba un lugar primordial la cobertura de los enfrentamientos armados entre el gobierno y la guerrilla.

Fue en esta etapa como cronista de guerra cuando Manolo Cuadra se convirtió en uno de los enemigos acérrimos del régimen de Somoza, contra el que se opuso no sólo desde su trinchera de tinta y papel, sino también en la palestra política. Así, en colaboración con su hermano Abelardo encabezó un levantamiento que tenía por objetivo principal el derrocamiento del dictador, conjura que, una vez sofocada por la guardia armada del tirano, dio con sus huesos en la cárcel de Managua conocida popularmente como “La Vientiuna”.

En 1936, una vez puesto en libertad, Cuadra se instaló en Tipitapa y empezó redactar una serie de narraciones breves basadas en su experiencia militar contra la guerrilla, relatos que, al cabo de seis años, habrían de ver la luz bajo el título de Contra Sandino en la Montaña (Managua: Nuevos Horizontes, 1942). Entretanto, Anastasio Somoza continuaba recelando del predicamento que Manolo Cuadra había empezado a adquirir en los cenáculos culturales del país, por lo que, en 1937, lo acusó de estar instigando una nueva confabulación encaminada a propagar el comunismo por toda Nicaragua, y consiguió que los jueces dictaminasen su destierro a la diminuta isla caribeña de Little Corn Island. En el transcurso de los diez meses que permaneció aislado en dicho enclave (entre febrero y noviembre de 1937), Manolo Cuadra redactó un interesante dietario que, publicado bajo el título de Itinerario de Little Corn Island (Managua: Novedades, 1937), se convirtió en el primer libro que el autor de Malacatoya diera a la imprenta.

Tan pronto como hubo regresado a Managua, Cuadra continuó mostrando públicamente su condena al régimen dictatorial de Somoza, lo que le colocó nuevamente en una situación de peligro de la que se zafó marchándose de su país natal. Viajó, en efecto, a Costa Rica en 1939, donde, entre otras muchas ocupaciones, trabajó durante algún tiempo para la United Fruit Co., en condición de peón bananero; y en 1942, creyendo que en su país se habían apaciguado un tanto las persecuciones contra la oposición política, regresó a Managua y volvió a trabajar como redactor en varios rotativos y revistas, al tiempo que se ocupaba de la ya mencionada publicación de su libro de narraciones breves Contra Sandino en la montaña.

Pero en 1943 volvió a ser encarcelado por las autoridades somocistas, que al año siguiente le obligaron a permanecer confinado en la ciudad de Masaya. Redactó, por aquel tiempo, un lúcido, irónico y amargo diario en el que, con humor desgarrado, intentó reflejar su visión caricaturesca de la realidad política, social y cultural nicaragüense, obra que vio la luz bajo el título de Almidón (1945). Poco después, huyendo siempre de las asechanzas que amenazaban su integridad en su país natal, pasó otra vez a Costa Rica; y, a su regreso a Managua, volvió a ser confinado en una isla (esta vez, la de Ométepe, emplazada en el Gran Lago de Nicaragua, donde pasó los meses de julio y agosto de 1947).

En 1950, en cumplimiento de un viejo sueño que acariciaba desde su juventud, Manolo Cuadra logró viajar a los Estados Unidos de América para conocer Nueva York, ciudad en la que se había instalado desde hacía ya mucho tiempo su hermano Luciano. Pero, incapaz de adaptarse a las formas de vida norteamericanas, decidió regresara a su país, en un retorno que volvió a ser tenido por una provocación por parte del gobierno nicaragüense, que decretó su destierro en 1951. El escritor de Malacatoya pasó entonces a El Salvador, donde apenas residió durante unos meses, pues enseguida fue admitido nuevamente en Nicaragua. Reanudó, pues, su actividad periodística en Managua, ciudad que volvió a abandonar en 1952 para cumplir otro de sus viejos anhelos: visitar el Viejo Continente.

Luego, tras una fructífera estancia en Checoslovaquia y en Suiza, retornó a Managua y compaginó de nuevo su dedicación al periodismo con el cultivo de la creación literaria, que le permitió dar a la imprenta la obra Tres amores (Managua: Ed. Krumen, 1955), una espléndida recopilación de toda la producción poética que había ido dejando diseminada en periódicos y revistas, o que guardaba en papeles inéditos. Preparaba, al mismo tiempo, con gran ilusión un largo viaje hasta Pekín, para tomar parte en un Congreso Internacional promovido por los intelectuales partidarios de la paz mundial; pero sus constantes desavenencias políticas con el régimen somocista dieron lugar a otro decreto de destierro firmado por las autoridades de Nicaragua. Consternado, Manolo Cuadra, se afincó nuevamente en Costa Rica, donde al poco de llegar descubrió que padecía una afección cancerosa incurable. Sabiéndose condenado a una muerte inminente, en julio de 1957 retornó por última vez a su amado país, en el que perdió la vida a mediados del mes de noviembre de aquel mismo año.

Roque Dalton

RD

(San Salvador, 1935 – cerca de Quezaltepeque, 1975) Poeta salvadoreño cuya obra, de estilo coloquial y socialmente comprometida, fue partícipe de la renovación de la lírica latinoamericana de la década de 1960. Nacido en la popular barriada de San José de la capital salvadoreña, el joven Roque Dalton cursó sus primeros estudios en los colegios religiosos Santa Teresita del Niño Jesús y Bautista, para ingresar posteriormente en el Externado de San José, donde en 1953 obtuvo el graduado como bachiller

Desde muy joven manifestó una acusada conciencia social que le llevó a militar en los movimientos revolucionarios que luchaban por las mejoras sociales en Centroamérica. En 1956, mientras estudiaba Leyes en la Universidad de El Salvador, fue en uno de los miembros fundadores del Círculo Literario Universitario, y en 1957 se desplazó hasta Moscú como delegado salvadoreño en el Sexto Festival de la Juventud y los Estudiantes por la Paz y la Amistad. Previamente había estado en Chile para cursar estudios superiores de Jurisprudencia (1953), carrera que complementó en su país natal con la de Ciencias Sociales (1954-1959), y en la Universidad de México con la de Etnología (1961).

Por aquel entonces ya era Roque Dalton una de las voces jóvenes más prometedoras de la poesía hispanoamericana contemporánea. Algunas de sus primeras composiciones habían sido galardonadas en varias ediciones del Premio Centroamericano de Poesía (1956, 1958 y 1959). En 1963, con la publicación de uno de sus mejores poemarios, El turno del ofendido, se consolidó como el poeta salvadoreño más relevante de su tiempo. La obra fue distinguida con una mención honorífica en el certamen Casa de las Américas, certamen que siete años después ganaría con el poemario Taberna y otros lugares (1969).

Su actividad política corría pareja a su dedicación a la creación literaria. Miembro del Partido Comunista Salvadoreño desde 1958, Dalton ya había sido encarcelado en varias ocasiones en su país natal cuando, en 1961, se vio abocado a tomar el camino del exilio. Emprendió entonces un periplo que le llevó a residir y trabajar en Guatemala, México, Checoslovaquia y Cuba, estancias en el extranjero que solía interrumpir con esporádicas visitas a su país natal. Se ganaba la vida con los ensayos y artículos que iba publicando, lo que le permitió viajar también, unas veces por motivos periodísticos y otras por activismo político, a las Repúblicas de Vietnam y Corea, y a numerosos países europeos y sudamericanos.

Por desavenencias con los dirigentes izquierdistas de su país, en 1967 abandonó el Partido Comunista y se mantuvo al margen de su militancia política hasta que, en 1973, regresó a El Salvador para alistarse en las filas del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), donde tomó el pseudónimo guerrillero de Julio Delfos Marín. Tras colaborar activamente con esta organización clandestina partidaria del enfrentamiento directo y la lucha armada, por oscuras razones que nunca se han llegado a aclarar fue perseguido, juzgado y ejecutado por sus propios compañeros de armas, que abandonaron su cuerpo en un paraje agreste donde fue despedazado y devorado por las fieras. Esta ejecución desencadenó airadas protestas en los círculos intelectuales, especialmente entre los escritores hispanoamericanos, abanderados en su condena por el argentino Julio Cortázar

La poesía de Roque Dalton, aunque de rasgos coloquiales, se sustentó en la fuerza de las palabras y del ethos implicado en ellas, como en los siguientes versos: “La vida paga sus cuentas con tu sangre / y tú sigues creyendo que eres un ruiseñor. / Cógele el cuello de una vez, desnúdala, / túmbala y haz de ella tu pelea de fuego, / rellénale la tripa majestuosa, préñala, / ponla a parir cien años por el corazón. / Pero con lindo modo, hermano, / con un gesto propicio a la melancolía”. En sus versos subyace un espíritu rebelde que plantea temas de fuerte contenido social, tratados de una manera a veces tierna y a veces irónica y sarcástica, cuyo resultado es de un enorme lirismo.

Sus influencias fueron el surrealismo y las vanguardias europeas en general, la poética conversacional latinoamericana (sobre todo voces como la del chileno Nicanor Parra, que habían traído nuevos aires irónicos a la lírica del continente), la poesía moderna de expresión inglesa, los clásicos en lengua española y algunos poetas contemporáneos, como el guatemalteco Otto René Castillo, el cubano R. Fernández Retamar, el nicaragüense Ernesto Cardenal o el argentino Juan Gelman.

Una parte de su obra ahonda en las aproximaciones entre el relato breve y el poema en prosa, tentativa en la que alcanzó buenos resultados. Un equilibrio entre calidad del lenguaje, ingenio, intelecto, amor humanista y visión política confluyen en sus mejores títulos, como en su célebre Taberna y otros lugares (1969), merecedor del premio Casa de las Américas, tal vez su libro más importante. Antes había publicado La ventana en el rostro (1961), El turno del ofendido (1963), El Mar (1964) y Poemas (1968). Luego publicó los libros Las historias prohibidas de pulgarcito (1975, poesía); y Pobrecito poeta que era yo (1976, novela).

Póstumamente aparecieron algunos títulos inéditos y varias recopilaciones antológicas de sus versos, como Poemas clandestinos (1980), Un libro rojo para Lenin (1986), Un libro levemente odioso (1988), En la humedad del secreto (antología compilada por Rafael Lara Martínez, San Salvador, 1994) y Antología mínima (a cargo de Luis Melgar Brizuela, San José de Costa Rica, 1998). En el campo del ensayo, publicó una monografía titulada El Salvador (1963), un ensayo sobre César Vallejo (1963) y un volumen de testimonios aparecido bajo el epígrafe de Miguel Mármol (1972). Compuso además algunas piezas teatrales, como Caminando y cantando (publicada en 1976) y Los helicópteros (escrita en colaboración con José Napoleón Rodríguez, e impresa en 1980).

Poetas invitados al XII Festival (2016)

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(Cambridge, MA - April 21, 2010) - Jericho Brown, who teaches creative writing as an assistant professor of English at the University of San Diego, is a Radcliffe Fellow, working on his second collection, “The New Testament.” The manuscript includes poems chronicling the lives of television news anchors who came to popularity in the 1980s and their reporting on the AIDS epidemic. He is pictured in the Radcliffe Gymnasium before his poetry reading. Staff Photo Stephanie Mitchell/Harvard University News Office
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